Reichskristallnacht
Se les ve el plumero. No les es suficiente con apalear y criminalizar indiscriminadamente a los manifestantes, a la población civil. Ahora pretenden limitar el derecho de reunión establecido en el artículo 21 de la Constitución Española de 1978. Además, aterrorizan a la ciudadanía acusando ni más ni menos que de: “delitos contra el Estado” a los que han tenido, ¡que horror!, el atrevimiento de quejarse y por si fuera poco se han pedido los nombres de los que han pagado los autobuses y sus cómplices, los pasajeros, los manifestantes. Mientras esto está pasando los guardias de seguridad de la estación de Atocha nos recuerdan a los capos de los campos de exterminio ayudando a los verdugos a llevar a la gente a las cámaras de gas. ¡Que imagen! Pero estos, como aquellos, parecen gozar de inmunidad. Digo aterrorizando porque, no me digan ustedes que no es terrorífico que por subirse a un autobús o portar una pancarta, se de la circunstancia de que en una de estas cargas arbitrarías te detenga la policía y te acusen, de “alteración del normal desenvolvimiento de la soberanía nacional” y el “tercer poder” te clave cinco años en galeras, boga, boga marinero, sirviendo al Rey encadenado a un remo.Esta mala leche, esta forma de usar la Ley, da la medida de la “excelencia ética” del poder, de la “excelencia ética” de a quien no le importa joderle la vida al primero que caiga, en aras de los privilegios de unos pocos. Habrá que reflexionar sobre el “tercer poder” en España, pero estolo dejaremos para otro día. Todo ello por manifestarse por quejarse entre otras cosas, de que: mientras el Estado le regala nuestra tela a los clubs de futbol, y cubre las espaldas a la avaricia y a la ineptitud de los directivos de la banca, se estén produciendo en España cientos de miles de desahucios que dejan en la puta calle a familias enteras; abuelos, abuelas, padres, madres, niños y niñas. Mientras escribo estas letras, leo y me emociona, que el juez Pedraz, jugándose el tipo ha archivado el 25S y critica a la policía por exagerar. Me reconforta el juez Pedraz, pero sigo teniendo miedo, terror, a las instituciones sobre todo porque los que dictan las leyes, los sumos sacerdotes, no me inspiran ninguna confianza. Pues eso, por quejarse de esta terrorífica injusticia por quejarse de que a ningún lumbreras de estos que calientan los sillones del “Templo de la Soberanía Nacional” se les haya ocurrido pensar que las personas que han dejado de pagar sus cuotas no lo hacen por capricho, lo hacen porque en la mayor parte de los casos han perdido el empleo a causa de la crisis provocada por los que ahora les desahucian. Y claro, como no se les ha ocurrido pensar en que esto no es un problema de morosidad, que es un problema de emergencia nacional, una zona catastrófica, pues no han propuesto ninguna medida para paliarla, a lo sumo, alguna ocurrencia. Les voy a soplar gratis, la que se nos ha ocurrido a un grupo de paisanos tomando café esta mañana y eso que no somos ni parlamentarios, ni padres de la Constitución, ni grandes de España, ni nada, simplemente paisanos. Tomen nota: “En el caso de que el propietario no pueda hacer frente al pago de la hipoteca y una vez acreditada la imposibilidad, se abrirá un periodo de carencia sin intereses a convenir por las partes. Durante este periodo el propietario pagará una renta que será establecida en función de sus ingresos” Pues hala, a darle forma, que esta mañana en la reunión solo estábamos mecánicos y electricistas y digo yo que para eso, para solucionar los problemas de las personas, les pagamos a los parlamentarios. Les voy a hacer una promesa. Si llego a ministro de educación, haré obligatoria la Historia de España y la contemporánea europea, el que no la apruebe repetirá no hasta que la recite, hasta que la asimile, precisamente porque la hemos olvidado estamos al borde del abismo. Les refresco la memoria. Si las cosas no cambian, lo que viene a continuación es el “Frente Popular”. No hay derecho a que unos pocos jueguen de esta manera con la vida del pueblo. No me llamen exagerado y aténsela al dedo.