Cartas al Director
CARTAS AL DIRECTOR Con frecuencia es lo primero de un periódico que pongo delante de mis ojos. Porque sé del esfuerzo que a veces supone escribir para un ciudadano que n o lo hace con demasiada frecuencia o no se dedica a ello. Me resulta éste, el espacio mas auténtico del periódico. El rincón donde las palabras se acercan a los sentimientos y el que mayor credibilidad y sinceridad me ofrecen. Y es que cuando se escribe al dictado, cuando se hace por obligación, cuando uno no ha sentido de cerca lo escrito, se convierte en pura opinión con escasa credibilidad. Estos rincones del lector, por muy escondido que estén por los editorialistas, son, de verdad, regalos de sinceridad y autenticidad. Sentimientos dibujados con palabras del pueblo. Opiniones de coherencia a las que habría tener mas en consideración. En ellas se guardan, como he dicho, las verdades de los pueblos y de todos aquellos que carecen de influencia, que no de credibilidad. Es un espacio obligado que merecen los lectores porque a veces hasta son un buen “esceraches” a nuestra propia conciencia demasiado conformista. Es necesario que los ciudadanos de a pie puedan disponer de vías donde denunciar tanta apatía y falta de interés en todos los aspectos sociales que hoy nos preocupan. Sé desde hace ya tiempo que vivimos tiempos en los que sobran opiniones y faltan coherencias y ejemplos. Poner tu voz al amparo de quienes la puedan compartir es sentirte mas arropado ante la incertidumbre y la desesperanza. Compartir preocupaciones que otros sientan es compartir vida y abrirte para que otros puedan tomar conciencia de lo que a ti te pudiera preocupar. Al menos es este un rincón, que si no te restringen la palabra, (por cierto a mi no me ha ocurrido) es uno de los rincones mas democráticos de los que uno puede disponer. Además, si este rincón está vacío de poderes, de influencias, de nombres,…. Se convierte en un rincón de libertad imprescindible. Eso, sí, halago y envidio a todos los que se atreven y lo hacen con tanta elegancia y respeto. Como no sirve conformarnos con que se hunda el barco y no vale aquél triste argumento de nada importa porque es de todos. No, no. No es este un argumento válido porque cuando algo se hunde, donde tú vas, se hunde tu esfuerzo pasado y , tal vez, el futuro. Y si se nos hunde el futuro, ¿Qué nos queda?. No sirve aquello de ¡A mí, qué, si no es mio!. Benjamín Charro /// Mayo 2013