Verdades, ni por equivocación
Pronto los gobernantes de mediopelo, como muchos de quienes nos gobiernan, se acostumbran a mentir y no decir nunca las verdades ni por equivocación. Tenga cuidado, Sr. Montoro, que le está creciendo la nariz, como a Pinocho. No olvide que cuando las verdades, a pesar de su sentido común, que no suele coincidir con el sentido común del resto de los mortales, se diluye en la arrogancia por culpa del poder, terminan revolviendo las entrañas. Cuando las mentiras parecen tan evidentes como ocurre hoy, aunque los poderes fácticos y los medios judiciales traten de convertirlas en verdades, para el sentido común del resto de los mortales continuarán siendo mentiras. Ya sabemos que su sentido común y el de muchos de nuestros políticos parece hoy demasiado distante del de el resto de ciudadanos de calle de los que muchos se han visto obligados a cambiar la corbata por el cinturón para que no se le sigan cayendo los pantalones tan recortados por todos los lados. Ya se sabe que para sus ministros, Sr. Presidente, su verdad es sagrada e infalible y para Ud., lo entiendo, la de sus ministros no ha de ser menos aunque en el fondo sepan que son mentiras pintadas de verdades. Tal vez, si el dinero tuviese caducidad muchos nuevos ricos cambiarían su sentido común por la verdad y/o se verían obligados a decir la verdad de la que todos parecen renegar. Lo malo es que ellos, los políticos de hoy, se empeñan en hacernos creer su verdad y parecen convertir, con demasiada facilidad, las mentiras en verdades con unos billetes colgando en los bolsillos de medieros y voceros. Lo que no me gusta es que para creernos que son verdades sus mentiras aprovechen a hacerlo con los medios públicos y dinero o servicios de todos. Olvidan que la gente ya está demasiado escamada y que no es tonta aunque se lo parezca. Si la mentira incapacitara y pintara las caras de rojo nos llevaríamos demasiadas sorpresas de quienes suelen tener por bandera la honradez. Ya sabemos que hoy, como ayer, las mentiras se venden y se compran; se cambian e intercambian; se pintan y maquillan; se hacen y deshacen, se meten en un disco duro y se borran, se manejan o se esconden entre recónditas leyes; aforos y aforados; indultos e indultados,….Todo pudo dejar de ser verdad desde que se inventara la palabra mentira que hizo tambalear los principios de la verdad. Sr. Montoro, no se empeñe en hacernos creer que suben los salarios, que aquí todos vemos cada día que baja, baja y baja todo, menos sus propios emolumentos que engordan y engordan escondidos, con frecuencia, entre demasiadas mentiras. Benjamín Charro /// Octubre, 2013