Queremos turistas.
Desde que estoy jubilado, cuando voy a león me gusta recorrer la ciudad que yo conocí allá por los años 50-60. Me encuentro que todo lo que llaman el barrio húmedo está desierto a las horas de la mañana. Sólo están las furgonetas de reparto cuando, en aquellos tiempos, en los dos años que viví en la calle Santa Cruz, estaba poblado de gente y todas las viviendas ocupadas al máximo, incluso en la mayoría de los locales que hoy son bares. Me encuentro muchas veces con turistas y peregrinos despistados que no saben dónde están y por dónde ir a donde quieren, o dónde está el albergue y, por allí, no hay ningún municipal ni nadie a quien preguntar en ese momento. Si puedo, me brindo a ayudarles y me lo agradecen encantados. Así hice amistad con un polaco que recorría el Camino de Santiago, o unos catalanes que lo hacían en bicicleta y lo único que querían ver era la obra de Gaudí y se acabaron llevando otra impresión y la idea de recorrer las muchas más cosas que se les ofrecía. Si queremos que León sea una ciudad turística, tenemos que ser amables y querer a quienes pueden, boca a boca, llevar las impresiones de lo que aquí han recibido. Estaría bien que hubiera, por ejemplo, voluntarios con distintivos para ofrecer ayuda al turista como hay en otras ciudades. Ahora que llega la primavera hay mucha gente de paso, ¡cuidémosles como se merecen!. También hay muchas excursiones de colegios. Esos jóvenes, serán los turistas del futuro si se llevan un buen recuerdo de cómo se les ha tratado y lo que han visto. Por ellos sería importante destacar los elementos singulares que tiene León, incluso en pequeñas cosas, como los famosos bancos de Zuloaga, que deberían ser restaurados y recolocados en algún lugar más apropiado. Y no sólo quiero destacar lo que queda por hacer. León tiene muchas más cosas que ofrecer, en las que ya se ha invertido mucho dinero, como la Sacristía de la Iglesia del Mercado, que sin embargo, no tiene un programa de visitas turísticas. O potenciar el Museo de Sierra-Pambley que ahí, a la sombra de la Catedral, pasa casi desapercibido y sin embargo, quien entra queda encantado. Son muchas las cosas que se pueden hacer sin coste o con muy poco, sólo hace falta buena voluntad y coordinar bien todas las instituciones en la misma dirección porque da pena ver cómo han progresado otras ciudades y nosotros nos hemos quedado igual. Por favor, aprovechen la relación con instituciones como la Universidad de Washington o el Instituto Confucio para que, de verdad, supongan para la provincia nuevas iniciativas culturales, industriales y demás que saquen partido de todo lo que tenemos que ofrecer. Un saludo. Benigno Castro González.