Llega la Cuaresma y Francisco “levanta” su voz.
Desde la Ciudad del Vaticano. Nuestro queridísimo Francisco, “Levanta su voz y nos despierta”. He aquí algunos pasajes del Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma 2015, cuyo título es: ”Fortalezcan sus corazones”. El documento está fechado en el Vaticano el 4 de octubre, festividad de San Francisco de Asís. Ese día tan especial para Francisco y para todos los cristianos. Un día que nos habla: de pobreza, de entrega plena, de generosidad desbordante, de amor tierno y clemente. Oímos al Papa: La Cuaresma, nos dice, es un tiempo de Renovación y es un tiempo de Gracia. Renovación y Gracia. Conversión y Fe. Esperanza y Amor. Podemos centrarlo en: “Renovación, Gracia y Amor”. A través de la Renovación nos convertimos y al convertirnos nos llenamos de Gracia y la Gracia nos lleva, como de la mano, al amor. Insiste Francisco: La globalización de la indiferencia es una realidad preocupante. Todo lo de los demás nos da igual. Todo lo de la Iglesia tambien. Decimos con frecuencia: ¡Y a mí que! ¡A mí, ni me va ni me viene! La indiferencia es una lacra social de la que los cristianos nos hemos contagiado, con lo que hemos empobrecido lamentablemente nuestro carisma y vulgarizado nuestra misión. Hemos dejado de creer y de dar testimonio, nos hemos quedado adormilado y somos desgraciadamente presos de las ataduras del mundo. Somos indiferentes a los graves retos de un mundo y de una sociedad empobrecida material y espiritualmente y que necesita: nuestra luz, los brillantes rayos de nuestra esperanza y las raíces firmes de nuestra fe. Todos necesitamos a un Dios que vivifique y de calor a nuestro frío corazón de piedra. Un corazón tremendamente deshumanizado. Y continúa: Cerrar la puerta a Dios es, por desgracia, una triste realidad en nuestro tiempo, y asi nos va. ¡Yo no lo conozco, dicen unos! ¡Yo no creo, dicen otros! Y de esta manera a espaldas de Dios, el mundo se desvia de su meta y aparecen los tremendos abismos, llenos de: incredulidad, muerte, violencia, tristeza, desaliento, hambre, inseguridad… Francisco en este comentario, que viene, se acerca a la realidad cotidiana, a la proximidad de nuestras parroquias: Somos muy dados a sentir lástima del mal y de la pobreza cuando los mismos están lejos de nosotros y no nos compromete; y le damos de lado cuando esta junto a nosotros, a nuestro lado. Por nuestro egoísmo, como el rico Epulón, no somos capaces de ver a los pobres Lázaros de nuestras calles, de nuestros barrios, de nuestra vecindad. Somos ciegos que no queremos ver a los menesterosos cerca de nosotros en nuestras propias parroquias, en nuestra comunidad. Y ahora reflexionemos atentamente sobre este bello testimonio que nos deja Francisco: La excepcional grandeza de los Santos cada día nos descubre horizontes nuevos. Este relato de Santa Teresa de Lisieux que nos cuenta aquí Francisco, personalmente no lo conocía y, me ha dejado un sobresalto emotivo en el alma. Saber que los Santos desde el Cielo se ocupan a cada instante de nosotros nos debe de dar una paz inmensa y una seguridad plena y absoluta.