Diario de León
Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

En:

No era mi abuelo. Ni falta que le hizo, porque desde el primer momento ejerció como tal, quizá porque era mi padrino, quizá porque el hermano soltero de mi abuela. Pese a ser el único de sus hermanos que no nació en Cuba, era el más 'cubano' de los cuatro, tenía ese carácter elegante, metódico y pausado que sólo los isleños tienen y, si son del Caribe, aún más. Pero la procesión iba por dentro, y le provocó una úlcera de estómago que arrastró toda su vida. Ha habido a quien el dolor de estómago le amargó la existencia hasta el punto de invadir media Europa; él, en cambio, escogió ser feliz y hacernos felices a nosotros. No hizo grandes cosas (cosas con mayúscula, como descubrir la penicilina), salvo ser nuestro abuelo. Fue a la escuela sólo un poco, viajó sólo un poco, pero tenía una curiosidad innata, una memoria prodigiosa y era sumamente observador e inteligente. Y, como todas las personas inteligentes tenía un gran sentido del humor. Nunca encontraba la palabra adecuada (le bailaban las letras) pero siempre tenía la anécdota perfecta que, como todas las batallitas de los abuelos, siempre trataba de 'alguien de su pueblo', aunque en realidad no fuera así. Recuerdo que, viendo con él una final de un Grand Slam de Tenis, cuando cierto jugador serbio que iba perdiendo por un set, comenzó a hacer sus habituales 'aspavientos' (que si me duele el hombro, que si la lentilla me molesta...) Avelino, con su sonrisa nos contó que le recordaba mucho a 'uno de su pueblo' (se conoce que un tanto flojo) al que le costaba seguir el ritmo del burro que tiraba del arado y acababa siendo arrastrado por él y cayendo de bruces sobre la tierra, tras lo cual, el tal caballero, al levantarse y sacudirse el polvo, farfullaba a manera de disculpa: «¡Malditas alpargatas...!». Nos hemos reído con él lo que no está escrito. Tuvo un perro con nombre griego; no comía pollo asado, sino «pollo a l'ast»; y los que no eran novios formales eran «satélites», una denominación que expresa muchísimo mejor el concepto que cualquiera de las habituales que emplea todo el mundo que no es Avelino. Le gustaba reírse, incluso de él mismo (pero esto sólo 'en círculos reducidos' y después de transcurrido un tiempo prudencial, digamos, de... un par de años). Ahora que se ha ido mi recuerdo de él es siempre el de su cara sonriente; era capaz de arrancarme una carcajada en cualquier momento, con apenas media palabra o con un medio suspiro. A veces era tacaño (como todos los solteros) y otras enormemente generoso (como todos los abuelos). A veces era un gran tímido y otras le sobraba desenvoltura, pero nunca sabías cuál de esas veces iba a ser, eso era lo divertido. Lo echaré muchísimo de menos; ha ido a reunirse con mi padre y sé que los dos me estarán cuidando desde donde estén. [...] Este paréntesis no significa que me esté emocionando y esté a punto de llorar, es sólo que... malditas alpargatas...

tracking