En memoria de José Antonio Alonso
EN MEMORIA DE JOSE ANTONIO ALONSO El día 24 de febrero tuve la fortuna de asistir al acto celebrado en recuerdo de José Antonio Alonso en el Aula Magna de la Universidad y digo fortuna porque fue un acto emotivo e intenso que removió la memoria y el corazón de todos los asistentes. Yo, ni siquiera era su amigo, por eso dudo que sea una persona autorizada para escribir estas líneas con la pretensión de que sean publicadas, pero las entrañas me obligan a ello sin poder evitarlo . No se si en el Acto estuvieron todos los que tenían que estar, pero se que los que vinieron, no lo hicieron por salir en la foto, fue porque en su mayoría sentían un aprecio sincero por el amigo, el juez, el ministro, el hombre en definitiva. Solo una persona buena, cabal y honrada puede concitar a su alrededor tanto amor, respeto y consideración en todo aquel que trató con él. No vinieron un par de representantes de cada estamento para hacer el paripé, no. Hubo una bancada entera de Jueces, casi toda su promoción de la Facultad de Derecho, personalidades muy importantes de la política, con su amigo Zapatero como el mas destacado y lo mas emocionante, todos sus amigos del Barrio del Crucero, mi barrio, y muchas personas que quisieron honrar su memoria. Y sentí envidia de algunos de los que hablaron, que le conocieron en profundidad y que le elogiaron sin disimulo y con lagrimas en los ojos. Y yo, ni siquiera era su amigo, pero si de su hermana Mari luz, a la que despaché gominolas en el Kiosko Diez cuando teníamos 15 años, ella representa a ese grupo de amigos que, aunque no ves a diario, les sientes cerca y al descolgar el teléfono parece como si les hubieses visto el día anterior porque nada ha cambiado. Mi mujer, su amiga de la infancia, cuenta que Toño “cuando la oposición” siempre estaba estudiando y no salía de la habitación ni a comer, y que se le cayo el pelo, y que siempre fue muy amable. Y yo ni siquiera era su amigo, pero si de su hermano Pedro, siendo de los primeros que le vio tocar la batería en aquellos tambores de Colón en el local de Pérez Galdós y con el que compartí, furgoneta, mesa, mantel, escenario y verbena por los pueblos de España con la Orquesta Estrés. Gran batería y mejor persona que demostró hasta el final el fraternal amor que profesaba por Toño, su hermano. Y yo ni siquiera era su amigo pero se desde hace mas de 30 años que Toño era un paisano que se vestía por los pies, y que prefería una charla agradable antes que una entrevista en Tele 5 y sin ser su amigo, y después de una larga etapa en la que yo no creía en nadie acuñando la manida frase de “todos los políticos son iguales”, a mi me devolvió la ilusión cuando saltó a la política, porque yo sabía que era honrado y me llevó a reflexionar sobre la posibilidad de que hubiese mas Toños decentes, con vocación de servicio y con el único afán de defender a los mas desfavorecidos. Y tuve el honor de compartir campaña electoral con él repartiendo rosas en el mercado de Trobajo y de apreciar su cercanía y su sentido del deber. El Presidente Zapatero, su amigo, fue quien despidió el acto con una intervención serena y racional “como le hubiera gustado a Toño” y nos contó que para él fue su primera llamada cuando gano las elecciones, y que era un periodo tan convulso que no le ofreció el ministerio de Justicia como todos esperaban, le ofreció el de interior porque necesitaba a alguien de absoluta confianza, lo cual habla por si solo de ambos, especialmente de Toño. Y a mi, que ni siquiera era su amigo, se me escaparon las lagrimas escuchándole al igual que en el Tanatorio en Madrid el día que decidió dejarnos para siempre, llorando con esa rabia cazurra de los del Barrio del Crucero y con esa sensación de “siempre se van los buenos”. Y coincido con Zapatero en que hay que poner su nombre a una calle del barrio o incluso al Centro Cívico que muestre eternamente el orgullo que sentimos porque, como se escucho varias veces, independientemente de los cargos que ostentó siempre se consideró uno de los nuestros. Desde aquí y como despedida abrazo a toda su familia y en especial a Javier, su hijo, que estoy seguro de que se siente tremendamente orgulloso de su padre y honrará su memoria. Y a ti Toño, gracias por todo y descansa en paz.