Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

Pendones, carros, bueyes y un déjà vu: esta fue la estampa del domingo con más sabor leonés del año. En la plaza por antonomasia de León (la de las revueltas sobre cantos rodados) paramos a reducir el hambre con chorizo y morcilla en un bar con ínfulas mitológicas. Pedimos un Tierra de León y un Bierzo (la marca no viene al caso). El rubicundo camarero negó con la cabeza dos veces. No había Mencía. No había Prieto Picudo. Sólo tempranillo de Roa. Me quedé ojiplático. En 2016 nos pasó igual pero con vino de Cenicero, a la vera del Ebro que va a morir a Cataluña. Las sienes me quemaron, dispuesto a montar en cólera, aunque por mi buena educación me reprimí. Salimos por donde habíamos entrado. Cruzamos la plaza. Allí sí, buen vino de la tierra, santificado por la sed de una tarde calurosa. Recordé al alcalde la semana pasada, chuleando de sus productos con otro igual de majo, llenándose la boca de esa capitalidad que algunos leoneses se la pasan por el forro. Los imagino entrando a ambos en ese figón y, con esa sonrisa que define al corregidor, pedir dos vinos de Valdevimbre. ¿Se le hubiera quebrado su perenne sonrisa y la bonhomía del apellido de su acompañante? El águila de la entrada, con sus cuartos traseros de felino, lleva una placa al cuello donde se lee: Cuenca.

Cargando contenidos...