Diario de León
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El TRIUNFO DE LA MEDIOCRIDAD EDUCATIVA “Pido disculpas a la sociedad por haber pasado involuntariamente a engrosar las filas de la diferencia, me avergüenzo de la forma de ser de mis hijas, niego constantemente su diferencia y las pido que sean “normales””. Estas son las exigencias del sistema educativo público de mi país (esta es la marca España) formado por Profesorado, Equipos directivos, Departamentos de Orientación, Inspección Educativa, Áreas de atención a la diversidad,.., todos ellos administrados por la Consejería de Educación de Castilla y León. Me piden que esconda las diferencias de mis hijas, porque no se ajustan al “pack educativo estándar establecido” el de la “normalidad”, pero también el de la mediocridad. Sí, efectiva y desgraciadamente también, el sistema educativo español (y el de la Comunidad Autónoma de Castilla y León, sin duda) está diseñado para crear una sociedad mediocre, donde no tienen cabida las personas que sobresalen por tener unas inteligencias superiores (utilizo el término en plural porque las inteligencias son múltiples, tal y como ha demostrado la Comunidad Científica Educativa actual, en cuyo ámbito destaca D. Howard Gardner, Premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales 2011). Llevo años escuchando del sistema educativo público frases como: “Yo no lo veo”, “no podemos hacer nada”, “para qué quieres identificarla, si no vamos a hacer nada”, “las altas capacidades intelectuales (AACC) son una moda”, “todos tienen capacidades”, “si es tan inteligente ¿por qué no saca 10 en todo?”, “primero hay que atender a los que tienen problemas”, “aunque sea muy inteligente no quiere decir que tenga necesidades educativas distintas al resto”, “porque no cambias de colegio”, ”el informe es privado, no es suficiente”, “la normalidad es muy amplia”, etc., mientras veo cómo la luz de los ojos de mis hijas se apaga, cómo la maravillosa energía que iluminaba sus miradas se va consumiendo poco a poco al comprobar cada día que regresan del colegio, que su capacidad de aprendizaje y su ilusión por aprender son ignoradas por un sistema educativo mediocre y envidioso que “no sabe, no puede y no quiere” atender sus necesidades educativas diversas tal y como la Ley vigente establece. Veo como un sistema educativo, al que se le “llena la boca” con la palabra “inclusión”, mutila sus potenciales, sus aptitudes, su imaginación y su ilusión por aprender, obligándolas a “entrar por el aro” de la normalidad y de la mediocridad, ignorando su diferencia, convirtiéndolas en un peón más del ajedrez cuando han nacido para ser otra pieza distinta de éste. Yo lo denominaría “apología de la ignorancia”, pero a diferencia de otras apologías, ésta no está tipificada como delito y se puede ejercer libre e impunemente, sin ninguna consecuencia legal ni para la persona agresora (generalmente el profesorado) responsable de ejecutar el desagradable trabajo de mutilar a aquellos niños y niñas que sobresalen por encima de los demás, ni tampoco para quienes mantienen este sistema educativo. Pero la parte más grave de este “terrorismo educativo” es que se ejerce mayoritariamente contra las personas que no disponen de recursos económicos, ya que quienes tienen suficiente poder adquisitivo pueden hacer “un quiebro” al sistema educativo establecido y ofrecer a sus hijos y a sus hijas las oportunidades educativas necesarias para desarrollar todo su potencial y su personalidad única. ¡Me niego a pedir disculpas por tener unas hijas diferentes! El sistema educativo debe cambiar porque, no sólo está “mutilando” a mis hijas por sobresalir, sino que también está condenando a nuestra sociedad al fracaso social, promoviendo la evasión de cerebros, la despoblación y el sometimiento a otras sociedades que sí cultivan sus talentos. Montserrat Rodríguez González

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