cartas al director
Esa digna profesión de camarero
H ubo una época no muy lejana, en los años 70 y 80, en que el camarero de un restaurante o cafetería, era la imagen principal de la empresa, incluso por delante del cocinero. En León teníamos excelentes profesionales como Colín, el pulcro y culto camarero del Granja Victoria o Pepe el de la ‘Capuchina’, los camareros de bares emblemáticos como El Nacional, el Capitol o el Novelty.La famosa saga del Alaska con Ángel, Calo, Jose, Silvestre o Esteban, que luego darían forma a sus respectivos negocios como Los Álamos» en la calle Carmen, donde Ángel y su equipo nos atendían de forma exquisita cada día.
Actualmente León figura como la capital de provincia con mas bares por habitante de España. Muchos de ellos son atractivos, bien montados, modernos, con diseño, pero con un servicio muy deficiente... Es habitual que entres en uno de estos lugares y si no eres «invisible»que también puede pasar, te encuentres con un barman que te dice: «Hola chicos, que vais a tomar»... Yo, las primeras veces, miraba a los lados a ver donde estaban «los chicos», porque a mis 75 años y sin conocernos de nada, no pensaba que se dirigiera a mí... ¿Que es una forma coloquial de dirigirse al cliente? Bueno, a mí no me gusta, no me parece ni elegante ni apropiada.
Es igual que una terraza de bar sin servicio... no lo entiendo. Tenemos que hacer los clientes de camareros a tiempo parcial llevando nuestro café o nuestro vino con mucho cuidado de no tropezar y eso si no tenemos que quitar antes los vasos y platillos usados de la mesa, que tampoco está limpia...
Hace unos días, me senté en la terraza de una cafeteria de la calle Octavio Álvarez Carballo, junto a El Corte Ingles y me quedé gratamente sorprendido por el servicio. Después de tomar nota, ha venido el camarero con la bandeja, ha cogido las copas delicadamente por el ‘tallo’ para no marcarlas y ha servido el vino delante del cliente con una elegancia y profesionalidad difíciles de encontrar actualmente.
Quise saludar y felicitar al dueño, encontrándome con Delfina y Joaquín, ella de Villaseca de Laciana y él de Villablino, que me contaron su historia. Se conocieron de muy jóvenes y Joaquín, con 17 años, emigró a Barcelona y ella le siguió al año siguiente. Joaquín entró a trabajar de camarero en el Colegio de Médicos de Barcelona, donde estuvo 17 años, pasando posteriormente a regentar un negocio propio. A ambos les tiraba su tierra y decidieron volver, abriendo en Murias de Paredes la primera casa rural que hubo en Omaña y hace unos años la cervecería de León. Y me dicen que para el próximo año, cumplen sus bodas de oro. Una bonita historia de amor y de trabajo que actualmente continúan sus hijos.
Dicen los hosteleros, de toda España, que no encuentran camareros; opino que si se reconoce y dignifica esta profesión y se respetan sus derechos laborales, no tendrán problemas para encontrarlos.