Impresentable
Impresentable
En una sesión de control al Gobierno la representante de Podemos, la señora Belarra, descalificó al Poder Judicial de una manera demasiado gruesa. Considero que traspasó todos los límites de compostura siendo un pésimo ejemplo de su comportamiento hacia la ciudadanía. Entiendo que los representantes de los ciudadanos, tanto en el Congreso como en el Senado, a veces tienen un «mal día», pero eso no les excluye para ejercer su responsabilidad de manera respetuosa. No cabe ningún argumento disculpatorio para quien, en nombre de sus votantes, esgrima un lenguaje turbio y falto de educación. Ocupar un asiento en las cámaras representativas no da derecho al insulto y la descalificación y menos, cuando sus críticas insultantes y presuntamente delictivas señalan a un pilar fundamental del estado, como es el Poder Judicial.
Belarra sabe que las frases descalificatorias, que realzó, hacia algunos jueces no le va a suponer ningún tipo de problema. Sabe que todos los insultos y descalificaciones que realice en sede parlamentaria no le va a suponer «ningún disgusto». Pero lo más grave de este incidente es que la Presidencia del Congreso no la amonestó, ni tan siquiera la invitó a retirar su señalamiento hacia los jueces. Un hecho que confirma que los españoles no somos todos iguales ante la ley. Si cualquier ciudadano se pronuncia públicamente, como lo hizo Belarra contra los jueces, le podría suponer una fulmínate denuncia y sus consecuencias. Quienes nos representan deberían ejercer su responsabilidad con arreglo al respeto a la ley. Deben respetar a la ciudadanía con un comportamiento ejemplar. Si no, se les pierde el respeto. Cuando en una democracia los ciudadanos dan la espalada a sus representantes es el primer paso hacia la anarquía.