Diario de León
Publicado por
Manuel Villena läzaro
León

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Sr. Director: . En los años de postguerra, época oscura, triste y de escasez, abundaban los sucedáneos para todo. Los chavales jugábamos a fútbol con pelotas confeccionadas con unos trapos viejos, que atados con cuerdas hacían las funciones de un hipotético balón. Mi barrio no se distinguía por el boato ni la abundancia, pero si vivía en él un niño, que por ser hijo único y su padre tener un trabajo acomodado, gozaba de algunos inalcanzables y envidiados lujos, entre ellos una bicicleta. A los once años los Reyes Magos le echaron ¡un balón de reglamento! El afortunado chaval cuando decidía jugar un partido, además de poner el balón, implícitamente todos éramos conscientes de que también ejercería las funciones de árbitro. Para él y los que jugaban en su equipo no existía el fuera de juego, no así para los adversarios. El más leve soplo de aire expelido en su nuca era penalti, en cambio en su área nunca jamás se cometía falta alguna. Si alguien osaba contravenir las subliminales reglas por él impuestas su dignidad era mancillada e inmediatamente era expulsado. A veces la injusticia era tan manifiesta que las protestas eran clamorosas viendo nuestro tiranuelo que la situación no era de su agrado se llevaba el balón y el partido se acababa, esfumándose la habitual vuelta en bicicleta que siempre concedía su generosidad a los perdedores. Aquel niño, hoy un hombre más que maduro, la vida no lo ha tratado bien. Puede que su carácter forjado en la niñez egoísta y despótico le haya allanado el camino al desgraciado destino que hoy día sufre. La historia reciente y no tan reciente de Cataluña me recuerda a la de mi infortunado amigo. Desde los albores de la industrialización española mediados del XIX el entramado industrial catalán se ha beneficiado con todos los gobiernos, incluido el franquismo, del proteccionismo. Bajo este protector manto se ha fomentando su desarrollo y progreso a costa de que el resto de los españoles se viesen obligados a comprar productos catalanes, pues los productos extranjeros, al ser más baratos, eran gravados con fuertes impuestos. Llegado el momento de que un , muy reflexivo y pausado, árbitro Tribunal Constitucional sutilmente filtra que algunas reglas de su juguete preferido Estatuto catalán, regalado por el señor Zapatero, contravienen el reglamento constitucional, amenazan con terribles catástrofes, amagan con llevarse el balón, dar por concluido el partido y de privarnos de la generosa vuelta en bicicleta. El futuro es impredecible pero si nos fijamos en aquel caprichoso infante se puede vislumbrar...

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