Diario de León

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En incontables lugares es posible encontrar restos de la pandemia, en forma de carteles con avisos, restos de pegatinas sobre prohibiciones o con las polémicas terrazas invadiendo aparcamientos. El covid fue una etapa muy dura para muchas personas. Hubo demasiados muertos, excesivo miedo y desinformación, y ahora conocemos que también se produjeron ‘atracos’ para conseguir beneficios a costa de las urgencias que vivía la sanidad. Entonces se abrieron las costuras del sistema de salud, pero también del económico en un país marcado por una estructura precaria, que sufrió una paralización total, por la dependencia de sectores como el turístico y los servicios. Los peores parados fueron, como siempre, los territorios, empresas, familias y personas más vulnerables. La actuación de una inmensa mayoría de la ciudadanía fue ejemplar, algo que lamentablemente no se puede extender a una buena parte de los dirigentes políticos, que mostraron una pobre capacidad de gestión y muchas malas artes. El covid, pese a ser quizá uno de los lemas más repetidos, no nos hizo mejores. Su legado se percibe más con una sociedad enfadada y con menos paciencia. Y con un Estado, en el que hay que incluir todas las administraciones, sobre el que cabe preguntarse si aprendió algo para hacer mejor las cosas.

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