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El desequilibrio creciente que existe en España en el mercado laboral precisa medidas que, en algunos casos, ya se están implementando. Los trabajos menos atractivos generan un grave problema que se está paliando de manera notable gracias a la llegada de migrantes. Pero hay otro sector amplio de mano de obra de cualificación técnica que precisa una reposición para la que no se han formado operarios suficientes. La Formación Profesional ha sido, durante las últimas décadas, terriblemente maltratada. Desde las instituciones públicas se favoreció que sus centros se convirtiesen en algo así como un cajón de sastre destinado a absorber un perfil de alumno poco amigo de los estudios. Y en la propia sociedad se generó un desprecio avivado también, de algún modo, por esa situación conflictiva que vivían los centros precisamente por esa casi marginalidad que se llegó a detectar en algunos casos. Ahora la FP está renaciendo con fuerza. Y no puede obviarse que, además, presenta un atractivo especial por su capacidad de formar trabajadores que tienen unos perfiles muy demandados. Se están cambiando las formas y mentalidades, pero el camino será largo hasta que se ponga en valor la FP, y se la adapte de manera adecuada a las demandas reales del mundo del trabajo.