Diario de León

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Existe una conclusión clara del caos desatado ayer en toda la península por un apagón eléctrico histórico, que ha puesto además varias cuestiones en evidencia. La conclusión es, por una parte, que la absoluta dependencia de la electricidad de todo cuanto atañe a la vida de los ciudadanos exige garantías que hasta ahora se sospechaban, y son imperiosas; y por otra que los propios ciudadanos han de ser conscientes y estar preparados para soportar brechas en la seguridad de sus suministros que habrá que afrontar con serenidad y sensatez. Sobre todo, si como la actual, implica incomodidades, pero se solventa a tiempo sin caer en catástrofes.

A la espera de más datos, parece descartarse la hipótesis del ciberataque. Que está siempre ahí, y frente a la que el país se arma con herramientas punteras a nivel internacional. De ello sabe bien León, que acoge el Centro Nacional de Ciberseguridad (Incibe), con la vista puesta en proteger las infraestructuras críticas, entre ellas las redes eléctricas.

Un fallo en la red peninsular, cuyo origen se determinará, parece ser la causa del mayor apagón de la historia del país. España y Portugal son una isla energética en Europa. Y las interconexiones que enlazan la península con el resto del continente una fina línea siempre pendiente de reforzar, que deja al suministro ibérico lejos del refuerzo del sistema eléctrico común del continente.

Fue este un argumento con el que se defendió hasta el final la necesidad de mantener las centrales térmicas frente a la apisonadora de la transición verde, que con tanta solvencia se impuso en España. El carbón no era la mejor de las industrias, pero reforzaba la respuesta inmediata de un sistema en el que las renovables siguen siendo incapaces de respaldar emergencias del sistema, como la planteada ayer. Cuando un 80% del suministro depende del aire y el sol y cuando hubo que acudir a hidráulica, ciclos combinados y nucleares para devolver el pulso a un país que parecía agonizar con unas horas sin electricidad. Aunque hoy ese debate está necesariamente superado.

Por encima de las cuestiones técnicas, lo sucedido pone en evidencia la necesidad de mantener la calma. Entrar en pánico, sea cual sea la situación, únicamente beneficia los bolsillos de especuladores y delincuentes. Tan cierto como que sólo la información puede contribuir a esa serenidad. Y ayer se apagaron también las vías de comunicación. Las amenazas y la dependencia están ahí. El ejemplar comportamiento de los españoles y los leoneses también. Un buen número de lecciones para el futuro.

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