Diario de León

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Lo que está ocurriendo con la Formación Profesional admite varias lecturas y también algunas enseñanzas. Vive un momento dulce, derivado de años de esfuerzo para conseguir su puesta en valor. Precisamente por la necesidad de admitir, como punto inicial, los errores del pasado, cuando se degeneró hacia un elemento marginal, dentro del sistema educativo, destinado a los jóvenes ‘desahuciados’ por la sociedad. La devalución de esta enseñanza la convirtió en un ‘gueto’ del que huían muchas familias, puesto que incluso algunos centros se fueron ganando una mala fama, y no resultaba nada deseable enviar allí a los chavales. Todo pasaba por alcanzar una plaza en la Universidad para lograr un título. Era la única forma de escalar en la pirámide social y de conseguir una buena nómina, según una creencia que se expandió con contundencia. Eso tuvo consecuencias graves, de inicio por la falta de profesionales formados para ocupar plazas técnicas. Las empresas fueron las primeras en elevar la voz de alerta. Después, se fueron sumando análisis y estudios que ponían en evidencia un error que precisaba un giro de 180 grados. Ahora, las cosas han cambiado. Los centros de FP acaparan un creciente interés y sus balances de empleabilidad son excelentes. El cambio ya está aquí.

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