Diario de León

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La estrepitosa caída de las cajas de ahorro, tras la crisis iniciada en 2007, generó una hecatombe en el sector bancario con unas consecuencias terribles para los territorios menos favorecidos del país. Su economía se sostenía, en casi todos los órdenes, en esas entidades marcadas por un servicio de proximidad. Desde el campo a la construcción, pasando por los créditos al consumo, buena parte de la actividad financiera era trazada desde una extensa red de oficinas que cubrían abuntantes zonas del mundo rural. La despoblación de muchos núcleos, a la que se sumó el final de este tipo de entidades —absorbidas de una manera abrupta por grandes conglomerados— avivó un drástico cierre de sucursales por todas partes, generando ese vacío de oficinas bancarias que incluso ha llevado a las administraciones públicas locales a fomentar alternativas para paliar la desatención al ciudadano.

En el caso de León, las estadísticas trazan un cierto cambio de tendencia. Ahora se recuperan puntos de atención al ciudadano. Llegan de la mano de otro tipo de entidades, de tamaño medio, que apuestan por ese servicio de proximidad, que tantos beneficios trajo, y que, de algún modo, se hace presente de nuevo, especialmente en las cabeceras de comarca.

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