Diario de León

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La empresa pública Correos fue un servicio puntero y ejemplar durante décadas. Aportaba unas garantías y una seriedad que eran envidiadas en otros países del entorno. Pero poco a poco se ha ido degradando, hasta el punto de que hoy son muchos los ciudadanos y empresas que optan por fórmulas privadas para garantizar las entregas en tiempo y forma. Las denuncias públicas desde los sindicatos no son nuevas. Ni tampoco las quejas de los afectados, especialmente desde el mundo rural. Pero, en este verano, ha llegado la ‘tormenta perfecta’ a los repartos de Correos. Las carencias de personal, que son frecuentes durante los doce meses del año, alcanzan niveles que hacen inviable que se cubran con normalidad las rutas. El perjuicio, como resaltan desde los sindicatos, es inmenso. No llegan a tiempo ni siquiera las citaciones médicas, por pertenecer al llamado reparto ordinario. Parece claro que una empresa pública tiene que garantizar una atención ciudadana con unos niveles mínimos y, además, sin cometer la terrible injusticia de penalizar, como ocurre en incontables asuntos, a los que apuestan por seguir viviendo en los pueblos. Una vez más, es el mundo rural el que acaba pagando los recortes y las anomalías de las instituciones públicas y sus entes dependientes.

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