Un protocolo que responsabilice a los acosadores
De nuevo el suicidio de una niña sevillana por sufrir acoso escolar, a pesar de que la familia había advertido al centro educativo, pone sobre la mesa la efectividad de los protocolos establecidos para prevenir el creciente bullying. Y la exigencia de revisar las medidas a tomar en estos casos. La falta de formación o suficiente concienciación sobre cómo sufren las víctimas estos procesos parece determinante en el retraso, cuando no la inacción, con la que se abordan estos dramas. Mas habría que considerar también la doble victimización de quienes los sufren, que en el mejor de los casos son los que cambian de aulas o centros. En casos de acosadores ya con responsabilidad penal, no sólo la víctima debe ser visible, sino los culpables en la medida que corresponda.