Procesos desvirtuados por las dilaciones
La macrocausa iniciada en 2013 contra una trama de presuntos defraudadores de las compañías de seguros al fingir accidentes de tráfico quedará finalmente en un proceso más farragoso por la multitud de testigos que por el número de investigados, más de un centenar al inicio del proceso, 76 en el último cómputo y ahora apenas 7. Las dilaciones indebidas en un procedimiento que ha sido especialmente complejo, en buena parte a causa de los recursos interpuestos precisamente para entorpecerlo, dejan ahora libres de responsabilidad a casi 70 de los implicados.
Un absurdo que se suma al interminable proceso por la muerte de seis mineros (y los daños sufridos por otros más) en el accidente de la Hullera Vasco Leonesa del que se acaban de cumplir doce años. Más de dos desde que por fin se cerró un interminable juicio con el que se debía haber avanzado un paso hacia la determinación de responsabilidades. Ahora la jueza se reincorpora a su puesto, pero cuando finalmente dicte sentencia sólo se habrá cumplido un trámite que se se prolongará con los pertinentes recursos.
La demora infinita de estos casos extiende la injusticia sobre todo para las víctimas, pero no sólo sobre ellas. Los acusados viven también bajo el peso permanente de una culpabilidad aún no probada, quizá al final inexistente. Doble atropello que carece de toda lógica.