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Los grandes números del balance de 2025 del campo en la provincia de León pueden generar un cierto engaño con respecto a la realidad que viven los productores en sus explotaciones. Padecen unos conflictos estructurales, para los que no se atisba una solución futura, que impide una consolidación y una situación de estabilidad que sería la esperada para el que hoy por hoy es el primer sector económico de la provincia. Las dudas enturbian el presente, y amenazan un horizonte cargado de incertidumbres, un estatus que no facilita la incorporación de nuevas personas, y ni siquiera se invita a las familias a buscar que las próximas generaciones sigan vinculadas a la agricultura y a la ganadería, para consolidar, entre otras cosas, la vida en el mundo rural. Quizá valga como ejemplo sobre esa problemática, acumulada en todo tipo de frentes, el dato de que los mejores registros de ese balance anual difundido ayer por Asaja corresponden a la ganadería, cuando es un sector que vive atenazado por la acumulación de problemas de enfermedades y por una fauna salvaje que genera unos daños muy cuantiosos a lo largo y ancho de toda la provincia. La actividad agraria resulta hoy imprescindible, para la economía provincial y para retener población, y sería importante que recibiese más atención por parte de la sociedad y sus instituciones.