La 'gangrena' violenta llega a los chavales
Cualquier fenómeno social requiere unas explicaciones desde perspectivas amplias, atendiendo a los expertos en la materia y evitando juicios rápidos, y más o menos interesados o tendenciosos. Por eso, debe tomarse con la máxima prudencia, pero también con toda la preocupación posible, la tendencia creciente de casos de violencia entre chavales extremadamente jóvenes. No valen las fórmulas de alegar que siempre hubo problemas, ni tampoco buscar pautas centradas en planteamientos ideologizados. Peleas y armas se hacen cada vez más presentes en la sociedad y, en demasiados segmentos, se tiende a normalizarlas, cuando no a justificarlas. Cabe, probablemente, una crítica hacia las imágenes que se difunden tanto en videojuegos como en las televisiones, especialmente en series de las cadenas de pago, que facilitan una especie de vitola de normalidad a lo que siempre deberían ser las excepciones. Si se bombardea de manera constante a los chavales con escenas de unas calles en las que pasan verdaderas barbaridades, parece que se comparte una especie de normalidad, de que la sociedad es incapaz de evitar que esos sean los parámetros de las relaciones entre las personas. Quizá habría que exigir responsabilidad en lo que llega a las nuevas generaciones.