Diario de León

La lealtad política en el Bierzo no debe agotarse en un día

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En el Día del Bierzo, la comarca no celebró ayer solo una fecha marcada a fuego en el calendario. Ensalzó la afirmación serena de un derecho: el de construirse un futuro próspero, digno y propio. No se trata de un anhelo retórico. Se trata de una exigencia colectiva que, un año tras otro, emerge con claridad cuando las instituciones se sientan a hablar de esta tierra bendecida por la naturaleza. Lo más revelador de la jornada no fue el protocolo ni la enumeración de logros parciales. Fue el consenso, casi unánime, en torno a una idea sencilla y poderosa: sin unidad institucional real, sin colaboración que trascienda los discursos de un día, el Bierzo no ocupará el lugar que le corresponde en el mapa del país. La comarca no pide favores. Reclama el espacio que su historia, su potencial y su gente merecen.

Ese reclamo se concreta en reivindicaciones precisas y largamente postergadas. La licitación del primer tramo berciano de la A-76 no es un capricho técnico; es la condición necesaria para que la comarca deje de ser un territorio de paso y se convierta en un nodo de oportunidades. Igualmente urgente resulta completar el estudio que determine la mejor solución para el puerto del Manzanal.

Mientras esas infraestructuras sigan en el limbo de los papeles, el derecho a prosperar permanecerá incompleto para la sociedad berciana. Pero las carreteras no bastan. El Bierzo necesita, con la misma intensidad, un diálogo interinstitucional más fluido, una cooperación administrativa que no se agote en gestos de un día y una lealtad política que no se diluya en la urgencia de los titulares. La ciudadanía berciana no pide milagros. Pide que las instituciones dejen de mirarse de reojo y empiecen a trabajar juntas, de verdad, pensando en quienes habitan estas tierras y no en el ruido de la contienda.

Hay, además, una dimensión moral y estética que ya no puede eludirse.

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