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La pesadilla ha vuelto al cinturón de León. Y esta vez no se esconde. Una docena de chalés asaltados en apenas unos días en San Andrés, Villaquilambre, Sariegos, Valdefresno y alrededores. El patrón de siempre: aprovechar el momento en que el sol se pone y las casas aún están vacías. Pero el jueves cruzaron una línea. Entraron a mediodía en un chalé de la calle Bernesga, en Carbajal de la Legua, a pocos metros del Bar Central. A plena luz. Con gente pasando. Eso es lo que más duele. Ya no es solo el robo. Es la sensación de que los ladrones ya no tienen miedo. Los vecinos lo dicen con cansancio en la voz: «Parece que se ríen de nosotros». Esas palabras son una herida abierta en la tranquilidad de quienes solo quieren vivir en paz en su casa.