El regreso del guerrero negro
El rincón | manuel alcántara
Pues quizá sea cierto eso de que el descanso del trabajo también forma parte del trabajo. Incluso el Sumo Haced or se sintió fatigado después de crear el mundo en seis días y tuvo que tomarse un asueto al séptimo. Quizá eso justifique una cierta precipitación. No sé si algún teólogo se ha atrevido a reprocharle el apresuramiento, en vista de que le salió algo evidentemente muy mejorable. Acaso si se hubiese tomado más tiempo las cosas hubiesen sido distintas para sus criaturas temporales. Al presidente Obama, al que hemos confundido con el Redentor de nuestra época, sí le están reprochando que se canse y se tome vacaciones. Quieren que trabaje como un negro y sus enemigos políticos, que los tiene de todos los colores, le critican porque está de vacaciones en Hawai, en vez de estar al pie del cañón, con tanta artillería desplegada como hay. Siempre nos ha n dado cierta risa los monicacos que cuando ostentan un carguito, ya sea local, provincial o nacional, aseguran que no tienen ni un minuto libre. ¿Qué sería de estos pobres diablos si tuvieran que ocuparse del infierno en el que se ha transformado el mundo? Está claro que la atención que se requiere para estar condolido por el atentado suicida de Pakistán, donde murieron 88 personas, a las que gustaba el voleibol, no puede invertirse para lamentar las defunciones provocadas en Afganistán. ¿Qué puede hacer Obama? No siquiera su poderoso país tiene tantas banderas para enjugar las lágrimas. Demasiada responsabilidad. No hay que exigirle la permanencia. Que siga en Hawai. A nuestros líderes, cuando se toman un mal ganado descanso, también hay que agradecérselo. Brillan más por su ausencia y además le dan una oportunidad de recuperarse a lo que quedade eso que llamábamos economía nacional.