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León

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El corro | pedro vicente

Antes de que la crisis morase entre nosotros, en estas fechas estaríamos hablando de la tópica cuesta de enero, del roto causado a nuestros bolsillos por los consabidos dispendios navideños. Bendita esa cuesta que no se prolongaba más allá de tres semanas. La situación ahora es muy otra y todas las previsiones auguran un 2010 todo el en cuesta, doce meses en los que seguirá destruyéndose empleo, que es a la postre el factor que importa. De poco sirve que mejoren los indicadores macroeconómicos, como se afana en pregonar el Gobierno, si la legión de parados, lejos de remitir, sigue engrosándose sin remedio. Y según los expertos, la creación de empleo solo se produce a partir de un crecimiento económico del 2 por ciento, dato que no figura en las previsiones de 2010. Por lo tanto, hemos de conformarnos con terminar de tocar fondo y esperar desde ahí la recuperación a partir de 2011, si es que no se confirma que la crisis en España trae forma de U y no de V, lo que nos abocaría a arrastrarnos por el fondo durante un periodo de tiempo aún no determinable.

Es Castilla y León hemos de asumir que el número de parados llegará en unos meses a los 200.000, cifra que ronda el máximo desempleo histórico en esta comunidad autónoma. Una comunidad que, a la espera de que se publique el censo oficial a 1 de enero de 2.010, habrá perdido población en 2.009 y volverá a perderla este año, confirmando que el repunte demográfico de años anteriores se sustentó en la llegada de una inmigración extranjera que se está viendo diezmada a causa de la crisis económica. Las perspectivas no invitan al optimismo. La inversión pública se va a resentir este año de forma notable en Castilla y León. La contención presupuestaria de la Junta se sustenta no tanto en la reducción de gasto corriente como en el recorte de sus inversiones, en tanto que los Presupuestos Generales del Estado contemplan también cierta caída de la inversión respecto a 2009. A ello se añade la menor dotación del Plan E, que al pasar de 8.000 a 5.000 millones y permitir a los ayuntamientos dedicar un 20 por ciento a gasto corriente, reduce en torno al 50 por ciento el volumen de fondos destinados a la creación de empleo. Con semejante panorama sorprende que iniciado 2010 la Junta no haya despejado las incertidumbres en torno al Plan de Convergencia Interior de Castilla y León, en los tiempos que corren instrumento si cabe aun más perentorio tanto para animar la actividad económica como para intentar corregir los acusados desequilibrios territoriales de la comunidad autónoma. Esta es la fecha sin que conozcamos si finalmente el gobierno central va a sumarse a ese Plan aportando la misma cuantía (150 millones de euros) que la Junta o si seguirá siendo cuestión exclusiva del gobierno autonómico.

Se comprende que la fusión entre Caja España y Caja Duero -”que, dicho sea de paso, entre otras cosas se llevará por delante alrededor de 900 puestos de trabajo-” haya absorbido en los últimos tiempos a los máximos responsables de la Junta y de la oposición. Pero Castilla y León tienen otros problemas igual de urgentes y prioritarios que requieren como poco la misma determinación.

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