Diario de León

El sentido común circula en vía lenta

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La aspillera | Vicente Pueyo

Alguien tendrá que explicar las razones últimas de ese cacao maravillao por el que navegan las entretelas municipales antes de llegar a la playa de la razón. Se cumple casi un año de que, desde esta misma atalaya, se echara de menos un debate limpio y constructivo sobre el futuro del transporte urbano de León que tiene en el tranvía su princi pal protagonista. Convendrán que, haciendo abstracción de aquella muestra sobre el plan de movilidad (mucho tiempo inmóvil y ahora patas arriba), el debate ha sido más bien subterráneo.

Es misterioso de verdad comprobar cómo, de la noche a la mañana, se ha esfumado esa estéril polémica sobre el ancho de vía y se ha puesto sobre la mesa, -"con lujo de imágenes virtuales que construyen una ciudad idílica-", una propuesta a priori razonable para integrar de verdad el tren de vía estrecha, el tren de Feve, en la ciudad. Después de los vaivenes y descarriles de los últimos meses, resulta comprensible el escepticismo que destilan algunos comentarios silvestres que circulan por internet: «a ver si lo ven nuestros nietos...», pero también es cierto que la propuesta levantará sin duda una expectación comprensible en cualquiera que no haya perdido totalmente el optimismo y apueste por una ciudad de verdad vivible y habitable. Una ciudad que vaya pasando, con prudencia pero con paso firme, a manos de los que siempre debieron ser sus dueños: los ciudadanos de a pie y no el automóvil, señor de horca y cuchillo ante quien la ciudad dobló sumisamente la cerviz.

Después de perder el tiempo (y el dinero) miserablemente, resulta que hemos descubierto las virtudes y beneficios del «tren-tram» que ya estaba inventado en ciudades como Vitoria, Valencia, Alicante, Bilbao, pronto en Cartagena, etcétera. Un tren capaz de circular como tren de cercanías en el ámbito interurbano a velocidad competitiva y como tranvía en el área urbana. Vamos a ver el lado positivo, que lo tiene: Imaginemos a la señora Justina de Cistierna, cogiendo el tren a las 8 de la mañana y bajando, sin transbordo alguno, en la parada del Hospital donde le esperan a las 10,15 para una revisión. O reconozcamos el absurdo en que se convertirá coger el coche para realizar recorridos que con el tranvía supondrán unos minutos de viaje cómodo... y sin riesgo de que nos cace la cámara municipal. Toda una revolución.

Mucho queda por hacer pero, como decía Antonio J. Abad, un ferroviario leonés residente en Valencia, en un artículo en el que abogaba por una solución como la que por fin se adopta, «León, se merece un tranvía». Lo merece porque puede y debe ser el banderín de enganche de esa ciudad decididamente moderna y habitable a la que debemos aspirar.

Poco razonable parece, dicho sea de paso, que el propio alcalde descarte abiertamente la colaboración de la Junta, (y que la Junta actúe a lo don Tancredo), en un proyecto de esta trascendencia cuando en otras comunidades ha llevado la batuta creando empresas públicas para racionalizar la gestión. Parece ser -"política manda-" que aquí todo se fía a las arcas del Ministerio de Fomento y de Feve. Aguantemos la respiración. No podemos perder este tren... tram.

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