El manuscrito
Fronterizos | miguel a. varela
Todos los intentos de los más destacados investigadores del pasado berciano han sido infructuosos: el original del Manuscrito de Cobrana sigue sin aparecer y cualquier análisis de su contenido debe limitarse a las referencias ofrecidas por el historiador villafranquino Tesifonte Ferrero que, según testimonio propio, lo manejó en su día cuando trabajaba en los archivos del Monasterio de Samos buscando datos para su tesis sobre La influencia de la música semítica en el folklore tradicional del Bierzo Oeste . Sé que Valentín Carrera ha hecho todo lo posible por localizar este decisivo documento de trascendente importancia para la etnografía de la comarca pero sus pesquisas no pudieron avanzar más ante la negativa de María Kodama a permitirle investigar en la biblioteca de Borges, donde se sospecha que pudiera conservarse una copia, probablemente regalo del bibliófilo Deodato Silván Cabrera al maestro ciego. Sabía Valentín que, ante la responsabilidad de pregonar el botillo en Bembibre, los datos que aportaría el Manuscrito supondrían un vuelco total en la visión histórica que hasta el momento se tiene del embutido. Atribuido al monje Fray Augusto Díaz de Balbuena, el Manuscrito recoge y transcribe pergaminos medievales desaparecidos en los años turbulentos de la Guerra Civil. El texto incluye normas muy precisas sobre la elaboración y, sobre todo, degustación del botillo, algunas de singular interés, como la que exige que «no más de siete personas en la mesa han de sentarse y siempre de similar condición, puesto que es éste plato que puede provocar impuros pensamientos y peligrosos desvaríos». Esa referencia cabalística a los siete comensales y a la similar condición de éstos pone de manifiesto el carácter esotérico del menú, cuya degustación reúne indudables características iniciáticas. Es un aspecto que debe ser tenido en cuenta ante los peligros para cuerpo y alma que puedan derivarse de las botilladas masivas.