Diario de León
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Al trasluz | eduardo aguirre

Le dije al alcalde de Medina de Rioseco, Artemio Domínguez: «Tenéis una ciudad tan bonita y tan desconocida que ya sólo necesitáis que os concedan ser sede de Las Edades del Hombre». Entonces, con una sonrisa de emoción, me mostró las portadas de los periódicos de ese día: el presidente Herrera había anunciado que acogerían la próxima edición de dichas exposiciones, junto con Medina del Campo. Y me alegré como si fuese a mí a quien me hubiese tocado tal lotería, porque he tenido la satisfacción de conocer la labor de este alcalde, en una localidad a poco más de una hora de la nuestra, una pequeña Florencia, sin Arno, pero con Sequillo. Gestión y gesto, me gusta a mí llamar al arte del buen gobernar, que no es exclusivo de ideologías o de siglas concretas, sino impronta de conducta, caligrafía emocional. Sin hacer de menos a la otra Medina, ya verán qué maravilla hacen los riosecanos. ¿Muerden los castellanos? No, ni nosotros. En una repostería en la que entré a comprar dulces, al identificar el dueño mi procedencia exclamó con complicidad: «¡Ah, León, el Musac, el concierto de Leonard Cohen!». Y me obsequió con una rica tarta de chicharrones, que merecería haber sido expuesta en nuestro museo del presente, pero no pudo ser porque mi apetito llegó antes.

Medina de Rioseco, tan cerca, tan cercana. También se la llama Ciudad de los Almirantes. Además, es la tierra de Carlos Amigo, arzobispo de Sevilla hasta su reciente jubilación, de uno de cuyos libros extraigo estas hermosas palabras: «¿Quién ha tenido la culpa de tanto sufrimiento?, se pregunta, para inmediatamente sorprendernos con la dialéctica de la esperanza, «¿Por qué no presentamos el problema de otra manera? ¿Quién es el que puede remediarlo?». Medina de Rioseco. Gestión y gesto. Cerca y cercana.

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