Diario de León
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Panorama | antonio papell

Algunas alusiones de Zapatero habían alentado el miércoles en los cenáculos políticos y mediáticos la esperanza de que el dato final del INE, que había de ser publicado oficialmente ayer, corrigiera levemente al alza la previsión del Banco de España sobre el crecimiento económico del último trimestre de 2009, de forma que aquel -0,1%, que representaba seguir en recesión, fuese en realidad un 0,0%, lo que significaría que habríamos dejado atrás la secuencia -”siete trimestre seguidos-” de retrocesos. No ha sido así, el Banco de España tenía las cifras correctas y deberemos aplazar la buena noticia un trimestre más, aunque la evolución del ciclo económico parece consolidada y, sin euforia ni alborozo, podemos afirmar si ambages que hemos tocado fondo y que, si hacemos bien las cosas, estamos en camino de recuperar a medio plazo el sendero de la prosperidad. Después de unas semanas de franco desconcierto en el sistema económico europeo, las aguas regresan relativamente a su cauce y todo indica que se está imponiendo de nuevo la racionalidad.

Después de Davos -”del error inefable de los asesores de Rodríguez Zapatero que llevaron a éste a comparecer j unto al primer ministro griego y al presidente letón en un debate moderado por el presidente del BCE-” y del desliz de Almunia a poner en el mismo saco a Grecia, Portugal y España, la realidad se impone: España va levemente retrasada en la salida de la crisis por mor de la burbuja inmobiliaria (algo que ya se pronosticó de antemano hace mucho tiempo) pero sus finanzas son sólidas, la deuda quedará a finales del 2010 por debajo de la media de los países de la Eurozona, el plan de ajuste presentado a Bruselas y que devolverá el déficit a la banda de convergencia de los Pactos de Estabilidad es creíble Y así lo han entendido con contundencia las agencias de rating: Mody-™s se ha sumado a Fitch, defiende la alta calidad de la deuda española y rechaza las similitudes con Portugal y Grecia. Incluso los periódicos anglosajones más sanguinarios con nuestra economíacambian de tono tras la visita de Salgado. Ahora se trata de regresar lentamente al crecimiento sobre bases sólidas. Y para ello serían convenientes algunos consensos, por lo demás bastante obvios. No tanto en lo referente a la gran política económica, que tiene escasos márgenes de variabilidad y discrecionalidad y en los que, ciertamente y como sostiene Zapatero, hay elementos ideológicos antagónicos, cuanto en lo relativo a las transformaciones que debemos impulsar para abreviar la reducción del desempleo y recuperar cuanto antes la velocidad de crucero. En el terreno del diálogo social, el proceso negociador está encarrilado. Y en lo tocante a las reformas estructurales, está a punto de comenzar el trámite parlamentario de la ley de Economía Sostenible, que debe incluir los grandes avances en materia educativa y de I+D que nos permitan alcanzar las cotas de productividad indispensables para que tenga lugar el cambio de patrón de crecimiento y la puesta en marcha de nuevas actividades de alto valor añadido. La cooperación de la oposición al Gobierno debería centrarse precisamente en este asunto: pacto educativo, pacto energético. No se le perdonaría a Rajoy que pareciera que su único afán es el mayor desgaste del Gobierno y de l país para que el poder llegue a las manos casi por decantación natural.

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