Diario de León
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Historias del reino margarita torres

No llega a veinte kilómetros la distancia que separa Santervás de Campos de Sahagún, aunque por el medio corte la línea casi siempre artificial de la división de provincias. Aquello era Campos desde el siglo X y sigue siéndolo en el XXI, por mucho que se empeñen los prebostes en separar pueblos que siempre fueron compañeros de aventuras y desventuras. Ahora les toca bregar con el asunto del ATC, el almacén de la porquería nuclear hispana. Un tema que por el calificativo eriza los pelos, pero que, en cuanto a candidatos, bebe de las tres D: despoblación, desesperación y desamparo de muchos ayuntamientos que ven su futuro peligrar o ya difunto.

Entre la más de una decena de candidatos, alzó la mano Santervás, decisión libre y muy respetable. Y automáticamente alguien, muy espabiladín en geografía, vamos, que sabía leer el mapa de carreteras, advirtió que este enclave y Sahagún directamente se miraban a la cara. Molestó la proximidad leonesa a los empresarios de Pucela, que en esto de la defensa de lo suyo son tan valientes que es para hacerles un monumento. Incluso alguno avanzó que, si hay que compartir con Sahagún, que el ATC se vaya-¦ por donde acaban los cestos a mano derecha.

El asunto arranca de lejos. En 2004, Enresa, encargada de gestionar los residuos radioactivos, trasladó al gobierno de entonces la necesidad de construir un ATC. La Comisión de Industria del Congreso ratificó por unanimidad la conseja y, en 2006, se convocó la Mesa de Diálogo sobre la Energía Nuclear en España. Después del brain storming llegó la pleamar: que sea haga. Este proceso y el subsiguiente, dentro del programa Cowan España, se publicó en un documento intitulado «la gestión democrática de los residuos», que una no sabe si es el reparto per cápita de la roña o la tasa anual de otro impuesto. El 29 de diciembre de 2009, la Secretaría de Estado de Energía lanza una convocatoria pública: el que quiera las sobras radioactivas, que alce la patita. Más de una decena de candidatos. El cinco de febrero pasado, la Comisión Interministerial para el ATC y su centro tecnológico asociado (el que hace pupitas en Pucela), decidió admitir los siguientes ayuntamientos: Albala (Cáceres), Ascó (Tarragona), Melgar de Arriba y Santervás de Camops (Valladolid), Torrubia de Soria, Villar de Cañas (Cuenca), Yebra (Guadalajara) y Zarra en Valencia. Fuera quedaron dos segovianos y dos palentinos

En unas pocas semanas, después de cribar opciones, se procederá a estudiar las supervivientes. Si valoramos que albergar la caquita nuclear conlleva pasta gasta, empleos e inversiones muy interesantes, de esas que fijan población, generan futuro, etc., no se preocupen que, de hacerse, primero lo atraparán los catalanes. Sorprende, sin embargo, que más de la mitad de los candidatos procedan de Castilla y León, ninguno de Burgos, por cierto, que ya conocen el tema por Garoña. ¿Será que el fantasma de la despoblación y el abandono pesan demasiado? Tal vez por ello los de Santervás, si resultan elegidos, no quieran compartir su hogaza de pan con los vecinos cercanos. Si hay que morir de inanición demográfica-¦que lo hagan otros. Veremos qué ocurre al final.

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