Diario de León
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La veleta | eugenio marcos oteruelo

Han pasado nada menos que seis años y una ausencia medida, paso a paso, en el dolor y la resignación. Él que llevaba en cada fibra el lenguaje del amor hacia el periodismo, la filosofía, la poesía y, especialmente la familia, fue llamado ¡oh paradoja! un catorce de febrero, que popularmente conocemos como «día de los enamorados».

Nos dejó sobre la mesa de la vida un plano de cristal a través del cual nos resulta fácil comprender sus grandes preocupaciones. En su primer libro de poemas Elegías de León hay un canto para la tierra que le vio nacer, para los niños que creían en la gente; una crónica del Esla; un recuerdo al Páramo verde; una historia del río negro, el Sil que todo lo ve a través de las ramas; un encendido salmo a los poetas de Astorga y así sucesivamente hasta conseguir que esta geografía cercana a sus raíces se viera tocada con la magia del verso. Al ojear cada día las páginas de Diario de León percibimos el eco de aquella gran pasión que absorbió los mejores momentos de su vida, la etapa de casi una década en la dirección del periódico.

Rastreando la memoria encontramos anécdotas que sólo eran posibles en un tiempo de convulsiones para los medios de comunicación: Insinuaciones de tipo político que terminaban en una humilde papelera; las dudas ante decisiones que había de tomar como el día en el que concertó una cita con el consejero delegado para hacerle ver la importancia de incorporar a las páginas del Diario de León la comprometida pluma de un joven talento con aspecto de bohemio llamado Francisco Umbral. Un acertado e histórico fichaje ya que el personaje, nacido para ser columnista, como él mismo afirmaba, terminaría por dar brillo y excelencia a la más exquisita prosa del siglo XX. Si con este paseo por peligrosos acantilados se consiguió que la prensa fuera un poco más libre, tanto mejor. Sirvió, también, su etapa como director, para dar voz a jóvenes poetas, cuestión novedosa en la prensa diaria. ¿Fue este el germen, quizás, para que Diario de León haya tenido como sección especialmente valorada las páginas dedicadas a la literatura con un amplio y riguroso tratamiento?

Su otra vocación fue la enseñanza a la que dedicó gran parte de su vida iniciando en el camino de la filosofía a varias generaciones de estudiantes. Y, cómo no, el tesoro más preciado en su experiencia vital fue, sin duda alguna, la familia dando fe de ello en alguno de sus versos, «El Viejo Tronco: crece en las noches/de primavera,/surge del surco/de mi sementera.

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