Diario de León
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En el filo | fernando jáuregui

Era de esperar: la palabra «consenso» y sus casi sinónimos «acuerdo» y «pacto» iban a ser las más pronunciadas en el debate. Confieso que yo incluso esperaba las ofertas tan concretas presentadas por un Zapatero que parece haber reconocido, al fin, que él solo no puede. Sin el concurso de otros grupos no puede ni llevar a cabo la reducción del gasto, ni el equilibrio presupuestario, ni la reforma laboral, ni la de la seguridad social. Es más: reconoció que el acuerdo no puede ser solamente numérico, cuantitativo. No basta con tener mayoría en el Congreso: necesita contar con el consenso cualitativo del principal grupo de la oposición para que los españoles recuperen su confianza en la clase política y accedan a los sacrificios que tendrán que hacer. Y Zapatero tendió la mano, creó una comisión negociadora, en la que, por cierto, están ausentes la vicepresidenta primera (hasta cierto punto lógico) y el ministro de Trabajo (inexplicable, si no es por la caída en desgracia del señor Corbacho). Incluso se mostró dispuesto, al menos «de boquilla», a asumir personalmente las culpas por el creciente desempleo. Pero no hubo respuesta del otro lado: Rajoy exigió prácticamente que Zapatero haga expresa renuncia de todos los pasos dados hasta ahora para poder llegar a una aproximación.

Las espadas siguen en alto, pero ahora hay, al menos, una oferta concreta, alguien que tiende la mano y alguien que la rechaza. «Yo he venido aquí a acercar posturas, no a subrayar las diferencias», dijo Zapatero. Por eso mismo, tengo la impresión de que salió ganador del importante encontronazo que abría, al fin tras tanta vacación, la temporada parlamentaria. Por eso, para mí, Rajoy, que tiene razón cuando hace la crítica de mucho de lo actuado por el Gobierno hasta ahora, perdió el debate. ¿Qué le hubiese costado acceder a designar una tres o cuatro personas para que se entrevistasen con esa comisión sugerida por Zapatero y comprobasen hasta qué punto ZP es sincero? ¿Por qué niega la posibilidad de forzar una rectificación al Gobierno mediante una negociación, proponiendo desde el PP soluciones alternativas?

Se expuso Rajoy a lo que ocurrió. Que Zapatero le sugiriese, «si tiene usted valentía», una quinta posible salida: que el PP presente una moción de censura. Algo que, obviamente, el PP no está interes ado en hacer, porque esas mociones se presentan solamente para ganarlas, y hoy por hoy el PP no cuenta con la mayoría suficiente en la Cámara Baja. Así que no habrá pacto, salvo que se produzca un milagro o a menos que alguien recapacite.

Rajoy debería, según mi criterio, entender que, con su actitud cerrada, nuevamente se queda solo, porque los minoritarios están mucho más cerca de los socialistas que de los «populares». Así, el debate quedó en nada en cuanto a resultados prácticos, pero en el bunker monclovita se ha abierto una puerta, quizá una rendija. Alguien tiene que transitar ahora la distancia desde la calle Génova hasta esa puerta. De lo contrario, abandonemos toda esperanza, pero Rajoy el primero. Y los demás, a continuación.

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