Diario de León
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Al trasluz | eduardo aguirre

Gamoneda ha perdido en el trayecto León- Barcelona los esbozos de sus últimos poemas. Quizá en el avión, tal vez en el taxi o en el hotel. Está apesadumbrado, porque llevaban correcciones a mano, que ahora ya pueden salirle mejor o peor, pero nunca igual. Ánimo, Antonio, los cimientos de la literatura occidental están en los «nostoi», el ciclo de relatos sobre el retorno a sus respectivas patrias de quienes combatieron en Troya. Si han de volver a tu Ítaca, lo harán. Cuando Astrid Rodríguez era redactora en prácticas en este periódico perdió por la calle su primera nómina, en plenas fiestas de San Juan y San Pedro; lo conté en esta columna y le fue devuelta íntegra, por la secretaria de José María Suárez, que fue quien se topó con aquella lámpara de Aladino, quizá no lo suficiente maravillosa para conceder tres deseos, pero sí una o dos alegrías. A ver si ahora contándolo aquí y allá, conjuramos entre todos el regreso. Confiemos. Si Ulises regresó a su isla, y Frodo a la Tierra Media, si el amor puede volver a los tiempos anteriores a la herida, entonces, ¿por qué no han de reaparecer unos poemas? En la carpeta había unas flores dibujadas por él mismo; quizá ahora actúen como rosas de los vientos, y sean quienes encuentren el sendero a casa. Si regresa el adulto a la infancia, y puede retornar la inocencia al corazón endurecido, si vuelven las estaciones, y la voz resurge del silencio, si renace la esperanza después de haber hincado la rodilla sobre las piedras, si reaparecen el día y la noche... entonces, ¿por qué no ha de hacerlo la palabra escrita? El azar de las pérdidas es inescrutable, pero no juega a los cadáveres exquisitos. Quizá, poemas y flores ya han iniciado su retorno del exilio iniciático. Buen viaje, estéis dónde estéis. Y feliz reencuentro.

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