Diario de León
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El aullido | luis artigue

León no es Harlem ni lo pretende pero aquí hay también talento-¦ En lo que al jazz se refiere -”música sofisticada y peligrosa como un ladrón de esmeraldas, idioma de todas partes, viento libre que despeinaría hasta al Papa-” el saxofonista adicto Charlie Parker abrió, con el descubrimiento de ese sonido barroco, audaz y repleto de laberintos armónicos llamado be bop, una nueva era: la de la intensidad (convirtió así el jazz en una música selecta, intuitiva y portadora en esencia de todo lo que es la vida).

No parecía posible, pero un paso más allá logró llegar Ornette Colleman al mezclar el be bop con el funk y el gospel, y añadiendo además efusivas inflexiones, rabia instrumental por la injusta carencia de derechos civiles de la sociedad negra, e improvisaciones sin límites: todo para crear una parrafada sonora llamada free jazz.

Como si un cocinero hubiera destapado la pota de las esencias el Free jazz, -interpretado por improvisadores en comunidad emocional- no era sino rebeldía, normalidad en pedazos, partituras académicas tachadas-¦ Las impresiones mezcladas con las sensaciones o un mundo de significados no unívocos que nos introducía en el torbellino de esa música tan densa y cercana casi al ruido que nos invitaba a no pensar-¦ Por encima de todo lo que puedas pensar -”decían-” está lo que logres sentir.

Una mezcla ingeniosa del be bop y el free jazz aderezada con lo mejor del nuevo jazz europeo podría ser la simplista descripción del sonido del quinteto leonés Dada Jazz, que el pasado fin de semana, gran concierto, celebró en directo su aniversario en ese local leonés -”tamaño caja de cerillas como los clubs de Ámsterdam y Brujas-” llamado Molly Malone.

Dada Jazz es en efecto un quinteto eléctrico formado por multinstrumentistas de inventiva diabólicamente experimental, y en el cual destacan los solos de viento gracias al saxo loco de Ildefonso Rodríguez y el saxofón barítono de Antonio Segura. Además Chefa Alonso, cuya personal percusión suena como una ama de llaves que se cae por la escalera, Gonzalo Ordás a la guitarra casi gótica, y Héctor Rodríguez al contrabajo puntillista -”toca también un instrumento inquietante, el theremín-” conforman juntos un repertorio que homenajea a los clásicos de la sensibilidad marginal del jazz dotándolos de un sello propio dadá.

No faltan en los conciertos de Dada Jazz, en los cuales no se para de explorar las posibilidades de los instrumentos y las de nuestra percepción, los momentos psicoanalíticamente oníricos, otros en los que las improvisaciones simultáneas nos acercan al delirio y aquellos en los que todo parece la banda sonora de una película clásica de cine negro. También, a veces, suenan cachivaches de todo tipo en temas bailables y el repleto local se caldea como una habitación de prostíbulo repleta de amor.

Entonces hay quien percibe esta lúcida y estimulante música como metáfora del hoy nuestro en el que la sobredosis de información desinforma y el mensaje es que no hay mensaje... Todo suena a la vez. La mayoría se aturde. Los elegidos se abstraen-¦ Lo decía Charles Mingus: «ahora que están confundidos vamos a tocar una de las buenas para ustedes».

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