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León

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Ante las numerosas críticas relacionadas con la excesiva duración de las vacaciones parlamentarias, que, por otra parte, están reguladas por la Constitución, el presidente del Senado ha propuesto habilitar los meses de julio y enero para el periodo de sesiones. La idea es buena y el Congreso de los diputados tendría que emularla, pero no deberíamos incurrir tampoco en este caso en el populismo ni en la demagogia: lo que la ciudadanía que acude a las urnas y elige a sus representantes reclaman a los diputados, a los senadores y a los procuradores, no es que cumplan un horario estricto sino que tengan sentido del Estado, altura de miras y honradez insobornable. O sea, no se trata tanto de calentar el sillón como de bajar a la arena de los problemas reales. ¿Por qué habrá que recordar estas cosas?

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