Diario de León
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Tribuna | Alfonso Villalba Martín

Profesor de Economía de Enseñanza secundaria

Leí con interés el artículo publicado el viernes 5 de febrero titulado «Análisis del fracaso escolar» y reconozco que no salgo de la estupefacción. Sobre todo al pensar en que alguien «experto» en una materia llegue a unas conclusiones que demuestran, por una parte, no haber entendido los datos recogidos, y por otra un total desconocimiento de la materia estudiada. Me parece, cuando menos, algo paradójico que este artículo sea reflejo de una tesis doctoral. Pondré dos ejemplos de errores que se pueden cometer al no saber tratar los datos recogidos en un estudio.

Cualquier penalista que investigue los delitos en EE.UU. podrá concluir su estudio demostrando que la raza a la que se pertenezca marca la posibilidad de cometer un delito: «los negros cometen más delitos que los blancos». Caería en un grave error, no ha sabido enfocar su estudio, acaba confundiendo causas con consecuencias. Tendría que investigar las causas de esa mayor incidencia de los delitos en la minoría negra, y a lo mejor detecta que los negros con buen nivel de vida no delinquen tanto, y los blancos surgidos de suburbios y situaciones familiares de drogadicción o alcoholismo delinquen más. A lo mejor su estudio así sí tendría sentido: «nacer en condiciones de pobreza, en entornos deprimidos y con problemas familiares conlleva una mayor probabilidad de que se delinca».

Otro disparate posible: si yo veo las estadísticas de muertos en la carretera, a lo mejor veo que el 25% conducía bajo los efectos del alcohol. Si mi conclusión es que el otro 75% no conducía bajo los efectos del alcohol y por tanto los que conducen sobrios son un peligro social, estaré desvariando.

Pues creo, sinceramente, que las conclusiones del estudio, sus tres causas del fracaso escolar, están francamente equivocadas y muestran desconocer la realidad educativa.

En primer lugar, hablan del sexo: los chicos fracasan más que las chicas. Pero eso no es una causa del sexo. Es una causa del esfuerzo y la organización. Los chicos se esfuerzan menos, lo mismo que los hombres conducen más agresivamente y eso les lleva a tener más accidentes. Pero la causa no es que sean hombres, sino que conducen más rápido y respetando menos las normas. La conclusión sería: conducir más rápido es malo, no que «ser hombre» sea malo para conducir. La causa de este mayor fracaso es que los chicos son menos organizados y estudian menos. Lo mismo que para las oposiciones. Si no, ¿por qué ahora aprueban más las oposiciones a juez las mujeres? Pues porque estudian más. Esfuerzo y disciplina, ése es uno de los caballos de batalla. Su falta genera fracaso escolar.

En segundo lugar, hablan de la titularidad del centro como causa del fracaso. Otro error. Confunden condiciones del alumnado con titularidad, y otra vez causas con consecuencias. Hay un sesgo evidente. Yo he sido secretario de un instituto de León sito en barrio deprimido, con bastante población inmigrante, gitana absentista y de población paya con problemas socio-económicos, mucha familia desestructurada... He tenido que matricular a alumnos que me mandaban directamente del juzgado, a alumnos que centros concertados se «quitaban de encima». Ninguno traía menos de 5 ó 6 suspensos. Claro, el fracaso escolar le quedaba al centro público, donde no titulaban, tras haber fracasado previamente en el centro concertado. ¿A estos centros concertados les mandan escolarizar alumnos desescolarizados, inmigrantes que llegan a medio curso desconociendo la lengua y con desfases curriculares graves, delincuentes del juzgado? Ahí está el sesgo que los «investigadores» no han tenido en cuenta. Pero de aquel instituto público salieron ganadores de Olimpiadas matemáticas o premios de Bachillerato o literarios. Todavía recuerdo algunos de sus nombres. Los autores de la tesis podrían haber comprobado, ya que el BOE así lo publicaba, quiénes son los ganadores a nivel de las CC.AA. y del Estado de las olimpiadas matemáticas, físicas o químicas. Ahí hay una evaluación objetiva, se elimina el sesgo. Los mejores son, abrumadoramente, y por encima de la proporción centros públicos/centros concertados, los alumnos de centros públicos. Ahí veo lo que pasa: el profesorado mejor preparado suele estar en la enseñanza pública. ¿Dónde están los mejores catedráticos y los profesores que, objetivamente, han demostrado en competencia feroz que se merecen un puesto como funcionarios? ¿En los centros concertados? ¿O en los centros públicos?

En tercer lugar, hablan del ámbito geográfico. Alumnos de poblaciones de menos de 10.000 habitantes fracasan más. O sea, la «boina», con perdón, influye en el fracaso. No, señores de la Universidad. Influyen los medios, las posibilidades... Un alumno de un pueblo tendrá, en general, una familia que le podrá apoyar menos, dispondrá de menos medios para suplir carencias... La gente se va de los pueblos porque allí la vida no es tan fácil: peores bibliotecas, conexión a internet lenta, menos posibilidad de encontrar medios para suplir carencias-¦ Pero eso, de todos modos, no explicaría algo que los autores no han visto. ¿Cómo explicar que un IES de la provincia, en dos cursos (del 2007/08 al 2009/10), con el mismo profesorado, el mismo ámbito, etc. pase en la primera evaluación de 1.º de ESO de un 17% de alumnos con 5 suspensos o más a un 40%? Esto sólo tiene una explicación: los alumnos cada vez se esfuerzan menos, las familias cada vez les consienten más su falta de disciplina y trabajo, y las sucesivas leyes educativas no han hecho más que acentuar los perniciosos efectos de los cambios sociales. Un alumno de 14 años hoy en día está más preocupado por el Tuenti, el móvil o el botellón que un alumno de 14 años de los años 80, que no tenía tantos estímulos exteriores a su vida educativa. Y encima, el sistema cada vez le pide menos, con lo que cada vez hace menos. Es una espiral negativa de la que no logramos salir.

Invito a los autores de la tesis a pasarse unas semanas por las clases (o que intenten impartirlas...) en el 1.º ciclo de la E.S.O. en cualquier centro público, y mejor si es de una zona a la que las normas hayan convertido en «gueto». Hagan trabajo de campo, y luego publiquen estudios. Estudios con conclusiones serias, no sesgadas y completamente equivocadas.

Y una disquisición final: desgraciadamente, en este país todo el mundo habla de fracaso escolar como la falta de obtención del título de graduado en E.S.O. Y yo les digo: el verdadero fracaso es que tengamos que proporcionar el título a alumnos que no saben escribir, que no comprenden lo que leen, porque si exigiéramos lo mismo que se exigía hace 20 años, el nivel de suspensos sería tan alto que la toma de la Bastilla quedaría como una bromita de unos revoltosos comparada con la que caería con un índice altísimo de suspensos. Aquí, si la gente no alcanza el listón, la solución es fácil: se baja el listón. Hasta que nos arrastremos por el suelo. Si un alumno de 14 años de Singapur viniera y viera lo que aquí un alumno de su edad tiene que estudiar en todo un año escolar, quizás pediría un permiso para realizar el curso en dos semanas, de lo sobrado que iría. Y así nos va, si cada vez la formación es menor, somos un país sin futuro. Y no se puede dejar la sabiduría del pueblo a la búsqueda de las 10 primeras entradas de un tema en el Google.

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