Diario de León
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Historias del reino margarita torres

A ños atrás, cuando quien estas líneas escribe estuvo metida en eso del sector lácteo a nivel internacional, e iba a las ferias de allende los Pirineos y todo para ejercer de traductora-intérprete, aprendí que la leche de estas tierras leonesas, de la montaña que quieren electrocutar entre todos, mostraba mejor calidad, más rica en materia grasa en los análisis y hasta rumbosa en posibilidades. Los navajeos empresariales de la noble France trajeron sus consecuencias para el sector lácteo español. En la negociación europea de antaño perdimos futuro a cambio de llamarnos europeos, que ya es el colmo de hacer el tontín, puesto que lo somos desde que las placas tectónicas se arrejuntan y divorcian creando continentes.

En el año 2002, la provincia de León encabezaba la producción láctea autonómica con 304 millones de litros. La inmensa mayoría de ella tuvo como destino la industria, restando un poco para los terneros, el consumo humano y la venta directa. Hace ahora ocho años, León representaba el 22,4% de la producción de Castilla y León, aunque sólo recibía el 11% del reparto por el abandono de cuota láctea de los ganaderos a jubilar. ¿A qué se debía tan extraña matemática? Sencilla regla de tres: la Junta dividía el reparto de la retirada (en León un 30%) entre las nueve provincias, lo que suponía que esta tierra perdía cuota de producción y adelgazaba de las ayudas a ella debidas. Supongo que hasta las vacas del Parque Tecnológico de Boecillo recibían tanto por ciento de cuota láctea, visto lo visto.

En 2008, los sufridos ganaderos de la cornisa cantábrica se reunieron para defenderse entre ellos, dado que sus gobiernos silbaban con las manos en los bolsillos mirando al sol. Por entonces, la cuota láctea hispana no llegaba al 60% de la demanda nacional. En román paladín: que a fuerza de abandonar explotaciones nuestras, acabamos comprando a los hijos de la tierra gala. Los precios de la leche, a pie de vaca, resultaban insólitamente bajos, visto lo que pagaban los consumidores al retirar el brik. Si a ello sumamos la patada europea y el empujón gubernamental, las lecturas quedan claras, a poco que nos esforcemos. En León, además, la industria a día de hoy 2010 paga diez pesetas menos por litro que en otras comarcas productoras. ¿Quién defiende a los ganaderos?

El futuro de la montaña leonesa pasa por fijar población. La edad media de sus habitantes alerta de una muerte casi inmediata si no se ofrece un futuro sostenible. Futuro que pasa, indefectiblemente, por mimar el sector ganadero. Pero a quienes mantienen explotaciones se les obliga a cambiar el sistema tradicional por otro que aleja las granjas tanto que, dada la orografía, acaba hermanando a las vacas primas. Quizás porque quien reguló estas normas miraba mucho a los campos de Castilla y poco a los Picos de Europa, tal vez porque en «el rincón del vago» no cuelgan este tipo de trabajos de fin de curso. Sin gente, el espacio natural volverá a ser rico en caza, poblado de mariposillas, apto para reserva feudal, con algún que otro indígena al que sacar fotos los turistas y un servicio público con la Sama Velilla. ¿Todavía estamos a tiempo de cambiarlo?

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