Perro mundo
En blanco | javier tomé
Es ley de buena educación que antes de entrar resulta conveniente dejar salir. Y así, el país entero se ha volcado en despedir como Dios manda a un hombre tan sensato como sentado. Hablo, naturalmente, del gran Miguel Delibes, periodista de raza y auténtico maestro del castellano bien escrito y mejor hablado. Desde su Valladolid, y ajeno a los cantos de sirena de fastos y oropeles públicos, logró crear a lo largo de los años un universo narrativo que está llamado a perdurar en el tiempo. Este cazador de historias, tal como él mismo se definía, supo reflejar de un modo discreto y austero el sentir y el ser del pueblo llano en obras tan inolvidables como El hereje o Los Santos inocentes. Pero como la vida es un acelerado tiovivo de contrastes, no acabamos de guardar el luto por don Miguel Delibes y ya tenemos que dar la bienvenida al esotérico Luis Roldán.
Un personaje de muy distinta calaña, distinguido a causa de su extenso currículo golfo. Por citar algunos datos de una biografía poco honorable, fue el primer civil en ser nombrado director de la Benemérita, y a fe que aprovechó la ocasión. Gertrude Stein decía que el dinero siempre está ahí, sólo cambian los bolsillos. Y bajo esta descarada filosofía, Roldán comenzó a mostrar una empatía excesiva hacia el efectivo ajeno, hasta el punto de llevarse 435 millones de pesetas de los fondos reservados y otros 1.800 en comisiones, dentro de un proceder que todos consideramos poco caballeroso. Además, su imaginación diabólica no daba tregua, tal como reflejó cierto reportaje fotográfico centrado en una de sus orgías, donde aparecía con unos gayumbos floreados que abochornaron a la industria pañera nacional y justifican por sí solos esa petición de cadena perpetua que hace el PP. Luisito ha acabado su condena y ya está en la calle, aunque sin devolver el dinero mangado ni pagar la multa que se le impuso. ¡Perro mundo!