Los niños, cantera de la Semana Santa
Tribuna Francisco Luis Rodríguez Fernández
PSIQUIATRA Y (SOBRE TODO) PADRE DE FAMILIA
Qué mantiene la Semana Santa en un país en el que la mayoría de la gente se declara católica «no practicante», en un país en el que las iglesias están cada vez más vacías y cuyos más asiduos usuarios sobrepasan los cincuenta (con creces)? La Semana Santa es un fenómeno que ha sobrepasado lo religioso. Es nuestra tradición, parte de nuestra identidad, algo que nos une a leoneses, andaluces, aragoneses, castellanos-¦ como españoles pues, bajo las túnicas, hay casi tantos escépticos como creyentes pero que viven las procesiones como algo nuestro. Participar activamente de las procesiones en forma de hermano de fila, bracero, bandera, corneta, bombo, seise, farol, abad, bombardino-¦ para algunos no es más que una forma de «practicar».
Como toda tradición se transmite de padres a hijos. La ilusión de los padres y madres por enseñar y transmitir valores a sus hijos se convierte en los niños y niñas, en su deseo de imitar y agradar a sus padres, inicialmente como un juego en el que se juega a ser mayor. Vestirse de papón es lo más grande que les ocurre en el año después de los Reyes Magos. Preguntan cosas con su innata curiosidad y avidez por el conocimiento del mundo que les rodea. Que por qué este papón tiene pico y este no, que por qué mataron a Jesús, que por qué tienen distintos colores, que si éste es o no de los nuestros buscándolos al final de la procesión-¦ Con nuestras esforzadas respuestas a sus, a veces, difíciles preguntas, van haciéndose pequeños expertos en la Semana Santa deseando fervientemente hacerse mayores para «pujar» e incluso hacerse de todas las cofradías posibles pues de todas encuentran algo que les gusta.
Después viene la adolescencia, esa centrifugadora en la que todo se cuestiona, incluido, y sobre todo, lo recibido de los padres. Todo lo adquirido se pasa por el tamiz de su propio individualismo y su propia (y para ellos única y verdadera) visión del mundo.
Depende de la intensidad con la que se haya vivido o transmitido, depende del nivel de cuestionamiento e individualismo de cada uno, la credibilidad, confianza en los padres y otras muchas cuestiones que se ponen en juego-¦ se pierden para la causa un alto porcentaje de individuos que pasan a otras actividades, diversiones, a los botellones alternativos... Algunos de ellos volverán más tarde. Otros no volverán. Así ha sido siempre y, de este modo, la tradición pervive de generación en generación (más de quinientos años)
Por lo general, los gobernantes, que, aunque no lo parezcan, salen de entre nosotros, tienden a favorecer el modo de vivir y asentarse en el planeta de la comunidad a la que pertenecen. Pues bien, en el caso de la Semana Santa en esta comunidad autónoma patinan de un modo flagrante y estrepitoso. En esta comunidad, gobernada por un partido «conservador» casi desde sus inicios y que puede presumir de que tres de las seis semanas santas de Interés Turístico Internacional que hay en España están en su territorio, dichos gobernantes han cedido a vete a saber qué presiones de vete a saber quién (aunque lo sospecho) obligando a cumplir horario escolar en plena Semana Santa a la base en la que se sustenta la misma, los niños. Para más inri, metiendo más el dedo en la llaga los profesores aprovechan para poner exámenes asegurándose así la asistencia a clase-¦
La Semana Santa, de la que presumen esos gobernantes que es una de nuestras principales fuentes de ingresos por turismo y bla, bla, bla, puede quedar muy tocada si de ella desaparecen los niños y jóvenes. Una vez más se prefiere matar la gallina de los huevos de oro, o al menos lesionarla de gravedad con evidente riesgo de muerte, legislando en función de intereses y presiones.
Por otra parte y, de nuevo, como en otros asuntos, los ciudadanos de a pie de este León nuestro nos volvemos a mostrar pusilánimes agachando la cabeza ante quienes pisotean lo que nos importa. Hemos comentado y oído comentar con cierta envidia que esto no se atreven a hacérselo a los andaluces (y mira que tienen un gobierno «progresista» desde sus inicios como autonomía) pues saben que ellos sí son capaces de tirar aquel gobierno al que se le ocurra tocar lo sagrado: las señas de identidad.
Desde este foro que nos ofrece el Diario de León llamo a las asociaciones de padres de alumnos, cofradías de todas las Semanas Santas leonesas y, por qué no, también castellanas, a erigirse en defensores de nuestras tradiciones, tan importantes o más que las matemáticas, «cono», inglés etc. y que se aprenden en la calle desde el Viernes de Dolores hasta el Domingo de Resurrección. Ajustar los trimestres lectivos, no debe ser un argumento que tenga más fuerza que casi quinientos años de historia y cultura leonesas y españolas.