Ya no caben más derrotas
La aspillera | vicente pueyo
Somos ya demasiado pobres y demasiado pocos como para permitirnos el lujo de ser más pesimistas. Pero lo cierto es que no es nada fácil salir a la campa y sentir regocijo tras contemplar el paisaje: «León perdió seis habitantes cada día en el último año». Cuesta trabajo, a la vista de datos como éstos y de otros similares que muestran el inquietante panorama poblacional de Castilla y León, saber a qué se refiere el presidente Herrera cuando habla de que habríamos llegado a un «punto de inflexión demográfica» en la Comunidad a partir de este siglo. ¿Punto de inflexión significa punto de no retorno? Ah! habíamos quedado en abdicar del pesimismo y en sacar bota, dulzaina y tamboril. Y además es cierto que el ejercicio del lamento es el más estéril.
Al menos, aunque sea después de demasiados años de inacción contemplativa, hay signos de que está clara la conciencia del problema. De hecho el Manifiesto que mañana se leerá en Villalar (fiesta que en León suscita emociones perfectamente descriptibles) subraya la lucha contra la despoblación como un «objetivo común» y se reclaman políticas para «fijar, integrar, aumentar y atraer población». No es éste, desde luego, un problema privativo de Castilla y León pues, si de algo adolece el invento de la España de las autonomías, es de solidaridad y equilibrio territoriales. La política más efectiva de los últimos años ha sido la de «el que más chifle, capador» y así nos va en esta inmensamente desnuda y desangrada España interior por la que campamos a nuestras anchas los 26 habitantes que tocamos por kilómetro cuadrado; aquí ya no hay quien chifle. (Menos mal que ahora viene a salvarnos la UPL con ese referéndum liberador que está tramando el nuevo equipo, decidido a sacar al partido de sus cenizas... y a sus correligionarios de la hipoteca con un buen sueldo de parlamentario).
Quizá esa tribu de biensentados que acude al Parlamento autonómico debería ponerse a trabajar de una vez comenzando por tomarse en serio esta realidad lacerante que llena de boinas y fantasmas nuestros pueblos. Al contribuyente la está saliendo a pelo de conejo este Estado autonómico.
Dice también Herrera que está dispuesto a llevar a la práctica, con el mayor de los consensos, la denominada Agenda de la Población. Pero esta hija putativa de la anterior Estrategia contra la Despoblación lleva un camino muy pausado en el Parlamento, como de jubilado sin prisa. Quizá sea porque no está ni medio claro de dónde saldrán todos esos fondos (s e habla de más de 3.000 millones de euros de aquí al 2015) que hacen falta para detener la negra espiral de la des población. Ahí está la merma de recaudación en los impuestos propios a causa de la crisis, ahí está la disminución de los ingresos procedentes del Estado, enmarcando un duro paisaje. Pero aunque Villalar huela a eso, a derrota, ya no caben más derrotas. «Ésta -concluye el Manifiesto antes citado- es una buena tierra para vivir, para el retorno de quienes un día se marcharon». Es hora de encerrar bajo llave los escepticismos y allanar los caminos para los que ve ngan. Que ya se han ido, y se van, bastantes.