Diario de León
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Irreverencias | César CHAMORRO

Si usted pretende entrar en la Mezquita Azul, en Estambul, deberá descalzarse, aunque le parezca higiénicamente incomprensible y estéticamente reprobable. Es la norma. El instituto Camilo José Cela de Pozuelo de Alarcón tiene un reglamento interno, aprobado por el Consejo Escolar, de acuerdo con la Ley Orgánica de Educación y el Decreto de Normas de Convivencia de la Comunidad de Madrid. En él se señala que «en el interior del edificio no se permitirá el uso de gorras ni de ninguna otra prenda que cubra la cabeza». Es la norma. Najwa Malha, una alumna de ese centro decidió incumplir la norma, establecida con todas las garantías democráticas, y cubrir su cabeza con un hiyab, un velo islámico. Hasta aquí no pasa más, ni menos. Pero aparece el ministro de educación, Ángel Gabilondo, y se manifiesta partidario de que la joven musulmana apartada de las clases por ese motivo asista a ellas. Es decir, de que se incumpla la norma. Gabilondo, subrayó que debe prevalecer el derecho a la educación de la alumna sobre otras consideraciones. Pero, ¿es que alguien niega su derecho a la educación? ¿Es que nadie le advierte al ministro de lo irracional de tal afirmación?. Si por caprichos o creencias, un alumno con complejo de spiderman lleva el calzoncillo por encima del pantalón, otro va vestido de papón en un alarde de fe o lleva un sombrero mexicano en honor a su abuelo de Chiapas, ¿debe prevalecer su derecho a la educación sobre otras consideraciones? El ministro ha citado el derecho a la imagen y a la libertad religiosa, recogidos en la Constitución. Lo dicho, calzoncillos por fuera o traje de papón y fuera normas. Lo que quizás no conoce el metafísico ministro es que la idea de que las mujeres deben cubrirse la cabeza, o incluso el rostro (propiciando el burka) proviene de un versículo del Corán: «Y cuando les pidáis algo a ellas hacedlo detrás de un velo: es más puro para vuestros corazones y para los suyos» (Corán, 33, 53). Pero a partir del Nahda (Renacimiento) en el Oriente Medio, Egipto lideró cambios como el cuestionamiento del hiyab y a finales del XIX Qasim Amin, autor de Tahrir al-Mar-™a (La liberación de la mujer), consideraba que el hiyab es consecuencia y símbolo de su aislamiento y promueve su eliminación. El significado de su uso puede ser objeto de debate inacabable: sumisión, presión familiar, decisión personal, rigor islamista, autodefensa ante radicales islamistas, etc. Es lo de menos. En un estado de derecho las normas se cumplen. ¿Lo entiende, ministro? A lo mejor sí que hay que tapar la cabeza de más de uno con un velo, pero acolchado. Porque ya lo decía Machado: de diez cabezas, nueve embisten y una piensa.

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