Vagos, cabreros, borrachos y chochos
Historias del reino margarita torres
Todo nace hi jo de una crisis, la económica, que llevamos padeciendo demasiado tiempo y que ha dejado en el campo de batalla del paro más de cuatro millones de nombres e historias familiares. Anu ncian los sindicatos mayoritarios que León, según cifras de la EPA, ronda los 37.000 desempleados, algo más si nos aferramos a los números del Inem de finales de marzo. Sin duda una mala noticia, agria para tantas casas en las que la pobreza ha entrado para adueñarse de la mano del desamparo. Dicen, UGT y CC.OO., que aunque gozamos de enorme potencial no nos desarrollamos por incapaces, por depender más de subvenciones que de aventuras empresariales. Corren malos tiempos para todos, empresarios y obreros. Los unos se cierran ante un futuro nebuloso, los otros detrás del miedo a la pérdida del trabajo, salvo los que se dedican al sector del turismo y todo lo que rodea esta fuente de ingresos, y a las nuevas tecnologías y sus aplicaciones. Minoría frente a mayoría de agricultores, ganaderos, trabajadores asalariados de la construcción y un etcétera tan amplio que nos comería esta columna.
Por si no bastase inseguridad en el cuerpo, ahora nos obligan a mirar a Grecia como al condenado. Los mismos tiburones que surcan y rondan las aguas portuguesas y españolas, al acecho de un fallo, de un desliz. Y la herida llegó de la mano de Standard & Poor´s, una agencia de rating que secciona con letras y signos matemáticos el futuro de una economía. Tres son las principales empresas que se dedican a dictar sentencia en estos temas: S&P, Moody-™s y Fitch. Las tres valoran el riesgo crediticio y determinan la probabilidad de devolución del mismo. Como en un examen con nota. Si te sacan la D, estás más que suspenso, si obtienes la AAA, eres del club de la tarjeta oro con invitación a barra libre. Pero hete aquí a los chicos de S&P sacan tarjeta roja a España privándola de un puesto en el ranking. Dicho de otra manera: dejamos de parecernos a Bélgica, Alemania o Francia para encabezar la clase media alta de Occidente. Queda por debajo nuestro Italia, Irlanda y, a mucha distancia, Portugal o Grecia. En buena lid esto implicaría que antes que decapitarnos a nosotros, entrenarían espada los sicarios de la sombra de la economía sobre las cabezas de portugueses, irlandeses o italianos. Todavía hay tiempo.
Hasta que una mañana de abril nos hemos despertado con el análisis de un sabio, llamado Shlomo Maoz, en el portal de negocios Globes. Esta lumbrera resume las razones ocultas de nuestra situación económica así: Grecia es un país de cabreros, los españoles unos vagos que se dedican a la siesta, a traer moros y no trabajar; los portugueses unos anticuados, los irlandeses unos borrachos y los europeos una panda de perezosos. Antes de cerrar sus consejos sugiere a los inversores que se dirijan «hacia los países amarillos y morenos» -China, India, Brasil-, y se alejen del «continente geriátrico», léase Europa. Y como el rapaz no se siente satisfecho añade que los sindicatos griegos son imprudentes, los alemanes clasistas, España y Portugal dos países «lisiados y cojos».
¿Y tipos de esta calaña se ocupan de decidir nuestro futuro?