Amigo de Platón, pero más amigo de la verdad
Tribuna | José Antonio Llamas
ESCRITOR
Con la autoridad que me confiere el haber apoyado en su día, y públicamente, la candidatura de José Luis Rodríguez Zapatero a la presidencia del gobierno de esta nación, me propongo manifestar-denunciar que su reciente y explícito apoyo al proyecto del tendido eléctrico Sama-Velilla supone un paso adelante hacia la línea roja que nunca debiera este hombre traspasar.
De dar su visto bueno a la ejecución de este engendro a través de esta montaña leonesa, como así parece deducirse por sus declaraciones a fecha de hoy, 2 de mayo de 2010, todos los logros que, gracias a él, han venido a nuestra provincia, así como toda su trayectoria personal, quedarían eclipsados por esta flagrante claudicación.
Claudicación ante «intereses económicos y políticos» particulares y privados, e injustificados técnica y socialmente, y ante la insistente y pública presión del Presidente del gobierno del Principado de Asturias, y sin tener en cuenta las pruebas contundentes de los expertos contra la línea, ni atender a los graves, gravísimos, daños que pueda causar su instalación en nuestros valles y montañas, castigados hasta el hastío por el abandono y la despoblación. Abandono y despoblación que la Junta ni sabe ni se propone atajar por más que se pase el día cacareando que lo va a intentar.
Claudicación que, por otra parte, pondría en entredicho todo el entramado ideológico que parece sustentar el proyecto de gobierno de Don José Luis, y que nos haría pensar que él también es obediente, otro más, a esos oscuros intereses que se ocultan detrás de algunas decisiones de los estadistas cuando apoyan esos empeños destructores que no admiten más que una única interpretación: intereses de las grandes compañías hidroeléctricas y de políticos metidos en faraónicos (y febles) proyectos de imposible justificación. Porque hasta la fecha nadie ha rebatido los argumentos del profesor Lago en contra de esta obra, innecesaria, e inconsistente desde cualquier aspecto técnico que se la quiera considerar, todo ello argumentado con datos extraídos de la propia compañía eléctrica, y expuestos al público reiteradamente por la plataforma de oposición que preside Camino Alonso, la Malasaña de León.
Tampoco sería baladí, aunque se trate de un aspecto personal, traer a cuento la tantas veces declarada pasión del presidente por la montaña leonesa, la cual conoce bien, lo que equivale a agravar la culpa si es que, por fin, autoriza la construcción de esta macro autopista de electricidad a través de la tierra de sus ancestros (Gordón) y la de sus desahogos vacacionales (Vegacervera y la línea férrea de vía estrecha La Robla-Bilbao) ¿Será que admite como cabal el dicho tan de aquí de: «quien bien te quiere, te hará llorar»? Suponiendo que, una vez más, el pretendido desarrollo económico de Asturias tuviera que ocurrir a cambio del destrozo cierto de una parte de León, José Luis Rodríguez Zapatero, por lo que tiene de leonés, no debiera poner su firma a este proyecto sin asegurarse de que está fundamentado en argumentos más sólidos que los que esgrimen sus promotores de la Red Eléctrica Española y sus impulsores del gobiernos asturiano regional con el intento de justificar la instalación en la ampliación del puerto de Gijón de unas plantas regasificadoras cuya entrada en servicio no sería necesaria hasta la próxima glaciación.
«Amigo de Platón, pero más amigo de la verdad» sostenía Aristóteles; y eso podría aducir José Luis Rodríguez Zapatero ante las presiones de su correligionario, el presidente del principado de Asturias, si no quiere exponerse a pasar a la posteridad como traidor a esta montaña de León en la que, como digo, y la conozco bien porque vivo en ella, la despoblación y el abandono amenaza con el regreso a la época medieval.