Ponferrada no se lo puede permitir
Crónicas bercianas | r. arias
Tal vez el PP y el PSOE puedan seguir jugando al gato y al ratón en Ponferrada a costa de profundidades como el hecho de que el Ayuntamiento suba de tres a seis euros las entradas a los turistas que entren al Castillo o incluso a propósito de quien debe pagar la factura del soterramiento o la eliminación del Canal en el tramo urbano. Lo que no se puede permitir esta ciudad que camina con la cabeza agachada desde hace ya bastantes meses por la crisis que agarrota a toda la comarca berciana son escaramuzas -”espero, esperemos que no que no pasen de ahí-” a cuenta de asuntos tan capitales como el del desarrollo de los proyectos de la Ciudad de la Energía.
No cabe la posibilidad de entrar en una guerra política acerca de la voluntad para desarrollar la urbanización del entorno de la vieja central de la MSP, de los campos de fútbol Ramón Martínez, del Sil y de Compostilla I. Todo el mundo desea que cuanto antes se ejecuten estas intervenciones y ni la impaciencia ni las declaraciones poco afortunadas de algunos políticos pueden engordar un encono que trastoque más allá de los deseable los plazos de ejecución de la integración del futuro Museo Nacional de la Energía en la trama urbana.
Este proyecto debería quedar definitivamente al margen de la agenda de confrontación política. Porque si el PP y el PSOE se pueden permitir el lujo de utilizarlo como munición a un año vista de los comicios locales, Ponferrada no puede permitírselo. Máxime cuando el plan de la Ciuden -”ojalá no fuera así-” refulge como una de las únicas luces de optimismo en una ciudad donde después de muchos años de alegría se han instalado nubarrones más que negros de desilusión. Por la falta de inversión en grandes proyectos de infraestructuras, por el cierre imparable de plantas de producción, por la sangría del paro...
La escaramuza de la última semana a propósito del convenio urbanístico de la Ciuden con el Ayuntamiento debe quedar enterrada cuanto antes y eso está en la mano primero del alcalde, Carlos López Riesco, y luego del director de la fundación, José Ángel Azuara, que son los primeros que seguramente conocerán que deben reunirse cuanto antes para evitar que la grieta de los rencores o de los malentendidos no se convierta en una falla insalvable.
Son tantos los problemas que arrastra esta comarca y que deberían ocupar el tiempo de nuestros administradores políticos, que resulta absolutamente absurdo que se pueda perder un segundo más de la cuenta en crear follones sobre lo poco que tiene pinta de funcionar. Ponferrada, desde luego, exige voluntad mutua de sellar un acuerdo.