La política: de mal en peor
Panorama | antonio Papell
El dato probablemente más relevante de la encuesta del CIS publicada el lunes y confeccionada entre los días 6 y 14 de abril (las fechas no son irrelevantes como se verá) es que «la clase política, los partidos políticos» son, siguen siendo, la tercera preocupación de los españoles, después del paro y de la situación económica. Esto explica con claridad que la opinión de los ciudadanos sobre la situación política y económica sea difícilmente susceptible de empeorar y que no sólo suspendan, con mala nota, todos los líderes políticos sin excepción sino que Zapatero y Rajoy, censurados desde hace tiempo con resonantes suspensos, hayan continuado descendiendo en su cotización: Zapatero obtiene un 3,71 (baja tres décimas respecto a enero) y Rajoy un 3,09 (baja cuatro décimas). El 75% de los encuestados tiene poca o ninguna confianza en Zapatero, en tanto el 82% ubica en la misma posición desairada a Rajoy.
En este país de ciegos, un nacionalista ocupa el papel simbólico de tuerto: Duran Lleida, siempre políticamente correcto y dispuesto a proponer acuerdos y pactos, ocupa el primer lugar en la escala de preferencias ciudadanas, aunque lejos también del aprobado. Rosa Díez, que encabezó hasta hace poco este patético ranking de incompetencia, comparte ahora valoración con Rodríguez Zapatero. La opinión que la ciudadanía tiene de los ministros es muy diferenciada: los primeros lugares, bastante por delante de Zapatero, son ocupados por Rubalcaba (4,67), Chacón (4,46), Fernández de la Vega (4,22), Trinidad Jiménez (4,17), Blanco (4,09) y Gabilondo (4,03); todos los demás no llegan al 4, y el farolillo rojo lo ocupa la inefable González Sinde con 2,89. Es reseñable y preocupante que los ministros económicos, salvo Blanco, no estén en los primeros lugares. El día 6 de abril, día de inicio del trabajo de campo, se hacía público el sumario del caso Gürtel, y dos días después abandonaban su escaño parlamentario y el PP el senador Bárcenas y el diputado Merino, imputados en la trama de corrupción. Esto explica probablemente, al menos en parte, que en el sondeo de intención de voto el PP baje y el PSOE suba, recortándose la distancia entre ambos hasta 1,5 puntos, frente a los 3,8 de dos meses antes. Es cínico quejarse ahora desde las filas conservadoras de tal coincidencia cronológica: los trabajos de campo del CIS se realizan siempre en la primera quincena de cada mes, de modo que el problema es la corrupción popular y no la agenda del CIS, organismo público acostumbrado a las insidias y que no parece dispuesto a aceptar dócilmente las presiones del poder. De cualquier modo, es claro que este factor tiene bastante de coyuntural, y que la corrupción, que contribuye a empeorar la opinión que el cuerpo social tiene de la clase política, es sólo un dato más de la amargura que la sociedad experimenta por la situación económica, la mala gestión que se hace de la misma.
La lectura de la encuesta, tan minuciosa como siempre y con apartados sugestivos que ilustran el desastre, indica que, dentro del derrumbe general, el PSOE tiene un ligero mejor cartel ante la opinión pública que el PP, lo que es ya una proeza en un partido de gobierno y en las circunstancias actuales. Sin embargo, el conjunto de los datos debería auspiciar una profunda reflexión: ni están en la política los mejores, ni los que hay saben muy bien lo que se traen entre manos.