Ese alguien que habla por nosotros-¦
Tribuna | Máximo Soto Calvo
Miembro de la Asociación Pro Identidad Leonesa
No ha tenido momento más oportuno, el señor Herrera presidente del ente autonómico, para entregar una medalla, de oro y autonómica, a los Reyes de España, que en León, en la Sala del Pendón de Baeza en San Isidoro, cuando, «con todo fulgor llegamos», según se ha dicho, al momento más álgido de la celebración del 1.100 aniversario del nacimiento del Reino de León. Este primer párrafo, o preámbulo, al parecer sencillo y de constatación de hechos, no es tal; además de contradictorio, o por serlo, debe ser objeto de unas oportunas reflexiones.
No lo es menos el título. A buen seguro que, durante la lectura de este meditado escrito, se comprendería perfectamente a quien estoy aludiendo. Pero no me resisto a mostrar un tan destemplado como inquietante señalamiento del sujeto amorfo y diluido en múltiples intervenciones, como una voz maléfica emanando del ente, persistente y controlada, que persigue embozar a los leoneses su personalidad. No hace muchas fechas, en este medio amigo, censurábamos cómo el ente había llevado a su terreno, el «parlamento» autonómico, al Abad de San Isidoro, para entregarle, también en connotación con el aniversario del que nos están hurtando la intimidad popular, otra medalla. Venían así, magnates y clero, a otorgarse lisonjas, ensalzándose unos y sometiéndose otros, cada cual que se sitúe donde le corresponda, o niegue la realidad, para rivalizar en poder dejando en la estacada al pueblo llano ausente.
El rey, Juan Carlos I, el día cuatro de los presentes, saludando con la mano en alto a los leoneses, en la distancia que marca el protocolo de seguridad, cumplía con la faceta oficial de tratar de conectar con el pueblo. ¿Pero acaso ese alguien que hablan por nosotros, se preocupó de que participáramos los ciudadanos? ¿Por qué no se recuperó total o parcialmente la leonesa proclamación del Rey? ¿Podía haber momento más oportuno, histórico y de mayor sabor popular, para ello? Rotundamente no. El momento era el idóneo, pero tan destacado gesto, netamente leonés, sería objeto de un buen tratamiento televisivo, y eso no les interesa pues marcaría territorios, sacando a la luz pública al pueblo que silencian.
Y voy a añadir algo más, y cuan alto me es posible, no lo hicieron porque León, los leoneses de León capital, y en ellos representados todo el Pueblo Leonés: es el estamento a anular sistemáticamente desde un ente, cuyos próceres no nos dan ni el más mínimo margen para mostrar o recobrar nuestra personalidad, celosos de su creación endiosada: el pueblo castellanoleonés, que ni con muletas se sostiene.
Alfonso IX, a quien ahora estamos recordando, precisamente en el 1.100 aniversario del natalicio del Reino de León por voluntad de García I en el año 910, es el mismo que, en su efeméride el año 1988, octavo centenario, la misma voz que habla por nosotros, soltó el discurso que aplastaba el llamamiento del pueblo, los buenos hombres, a la Curia Regia, a las Cortes de 1188, con el peso de aquello del afán recaudatorio del monarca, entre otras cosas.
En ambas celebraciones, 1988 y 2010, el pueblo leonés ni fue informado, ni invitado a la preparación, y lo soportaron «nuestros» políticos. No se b uscó la complicidad y el entendimiento, se lanzaron unos programas, allende León confeccionados; conferencias y discursos entonces, y ahora más de lo mismo entre reconocimientos que en aquellos momentos no interesaba destacar demasiado: las primeras Cortes con representación física del pueblo como estamento, por ejemplo; no fuera que «se nos antojara» pedir las Cortes Autonómicas para León. Y ahora, que todo está consumado, no hay peligro, y sería algo más que de sonrojo su ocultación, a destiempo, y con estudiada inocuidad, lo recitan.
Si para el señor Herrera, presidente del ente, el pueblo leonés fuera algo más que dos palabras, para entregar la medalla de creación autonómica, al Cabildo de San Isidoro, debió trasladarse aquí; y ello independientemente de que se la otorgara al señor Abad como representante in pectore del pueblo de León, o como cabeza de los canónigos que cuidan, en el mejor de los sentidos, del templo en cuyo claustro, más o menos, se acogieron las Cortes de 1188.
Al Rey don Juan Carlos, debieron invitarle a venir al feudo autonómico, al erigido, como todo, en Valladolid, allí donde se han instalado las Cortes que trasladaron de Fuensaldaña. ¿O acaso es que la medalla, en seco, sin el aditamento de lo leonés, no era suficiente reclamo para mover al Rey?, la justificación del otorgamiento: «por el papel de los Reyes en la democracia», a toro bien pasado, ha sonado a justificación oportunista; amén de simplista ejecución por un ente intrascendente en España.
Por otra parte, si la visita real ha sido «el momento más álgido de la celebración», ¿qué nos queda a los leoneses de a pie? ¿el pan y circo del folclore? En los grandes medios de información nacional, se han limitado a decir que el Rey en el discurso pronunciado con motivo del 1.100 aniversario del Reino de León, junto a datos básico y de pasada apuntados, destacó la conveniencia de «trabajar juntos para superar la crisis recobrando la dinámica de crecimiento, empleo y mayor bienestar». A los leoneses no puede menos que decepcionarnos lo difundido, aun cuando tan sólo represente un chasco más en la ya larga lista. A ese alguien que habla por nosotros, le imaginamos frotándose las manos, con regodeo por los silencios y los logros a menores.
Lo leído en algunos pasajes del discurso del Rey, por ejemplo: «el Reino de León evoca una serie de visiones y conceptos políticos y culturales que resultaron fundamentales para el ser de España, y de gran significación para el resto de Europa», nos parece bien, pero resulta tan institucional que no conlleva emoción añadida paras los leoneses descabalgados del ente, vagando por lo castellanoleonés, subsumidos en un impotente soy leonés, poco operativo por fallar la voz política que se dice leonesa.
Esto no es victimismo, como estarán afirmando desde el ente, es la constatación de una realidad. Se trata de hacer aflorar lo que, mediante la repetición y la propaganda, se ha venido instalando entre nosotros como algo imposible de modificar, a saber: mapa autonómico cerrado, asumido, a veces, por partidismo ideológico mal interpretado. Pueblo comunitario castellanoleonés o castellano y leonés, que es la misma cosa tal como se maneja, como si los sentimientos se crearan por decreto; pero que se va instalando en los niños y jóvenes desde la inoperancia (en ese extremo) educativa, y en el seno familiar. O la Historia escrita a la medida del ente, elaborada por exegetas bien retribuidos, capaces de reinterpretarla para tratar de justificar la razón de antiguo de esta falsa Comunidad-¦ todo naciente en la voz de ese alguien que habla por nosotros.
La Corporación Municipal de la capital leonesa, se dejó pisar el terreno en su feudo, por los prohombres del ente. ¿Cómo ha sido posible que hasta muy última hora tuviera que luchar el alcalde para que no se anulara la visita Real al Palacio del Conde Luna y hasta se cuestionara su preeminente presencia? El Ayuntamiento bajo maza, y con el Pendón Real, representando al pueblo leonés debió ser el anfitrión en la visita Real. No es posible, ni es tolerable hacer dejación de sus derechos, que son los nuestros, los del pueblo, y la Casa Real no puede ni desoírlos ni soslayarlos, no lo olvidemos.
Esto último, un grupo de leoneses y Pro Identidad Leonesa tuvimos que comunicarlo a la Casa Real, tarde pero a tiempo, nada más que conocimo s el ninguneo de la Junta autonómica.