Campos de soledad, mustio collado-¦
Tribuna | Enrique Cimas
Periodista
Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora campos de soledad, mustio collado, fueron un tiempo Itálica famosa. Todo desapareció, cambió la suerte voces alegres en silencio mudo»-¦
Y ahora, Fabio simbólico, españolito de a pie que al mundo has venido, sígueme y contempla el daguerrotipo de un país desmoralizado y laboral y económicamente exangüe. Se han roto los diques de la cordura y han sido arrumbados -”de un manotazo «legal»-” los soportes de nuestra más rica panoplia de Valores y tradiciones. Como si un inadvertido y bronco Bruto hubiese clavado su estilete, no en el pecho de César, en la mismísima yugular de España. Todavía está chorreando sangre el último cuerpecillo condenado a muerte y abortado, según lo prescrito en «los tres supuestos», cuando las trompetas de la ley de plazos (caducidades para arrancar la vida en el inicio de la propia vida) nos anuncian la entronización de la guadaña acelerada-¦ Y por si fuera poco el desmadre en esta materia, dicha Ley de Reproducción Sexual y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo, otorga el ¡derecho! -”así, como suena-” a abortar. Una de las instigadoras de ese engendro, Leyre Pajín, nos ilustra señalando que semejante instrumento de plazos ponía fin a la «deuda pendiente» que tenía la sociedad con las mujeres-¦¡Pobre Mujer española!, tan traída y llevada, mientras ella lo que reclama es ser respetada y no utilizada ni manipulada. Ser encuadrada dentro de un marco social moralmente estable, y atendida en sus legítimas demandas de trabajo y cultura. Y sanidad, claro, y no precisamente de la relacionada con el negocio abortista, que forra las cuentas de unos pocos y hiere, cuando no mata, anímica y hasta físicamente a centenares de miles de muchachas. Por otro lado, la madre de familia de siempre desea una buena política educativa para los hijos; sin las coactivas exigencias de una formación para la ciudadanía, que mezcla usos y costumbres con abusos e inculturaciones sexuales (nuestro devaluado Código Penal, se ocupa, en su Capítulo V, de los delitos de corrupción de menores -”lean, lean el artículo 189 y concordantes)
¿Cómo, entonces, se pueden cohonestar los términos de algunos manuales asociados a la asignatura ciudadana de marras, con lo prevenido en la Compilación penal?...
«(-¦) Aquí, ya de laurel, ya de jazmines, coronados los vieron los jardines, que ahora son zarzales y lagunas».
Fabio, el de Rodrigo Caro, es bien aleccionado en el conocido Canto con objeto de que su espíritu discierna lo glorioso de lo mezquino, lo próspero de lo decadente; lo estético y armonioso, de lo chabacano. Casi una disciplina maniquea, pero que entre el bien o el mal, podría aceptar, no obstante, la disyuntiva de una naturaleza intermedia, éticamente rectificable. Con nosotros, Fabio imaginario y compañero, no caben términos medios: de la España en la que no se ponía el sol, al desgarro del Tratado de París que incluyó -”al estilo Boabdil-” el llanto del adiós a los últimos reductos de lo que fuera imperio. Y más cerca en el tiempo (y en otras índoles) del costoso pacto -”de 1977-” sellado con la rúbrica de una amnistía para reconciliar a todos los españoles, al azuzamiento actual de rencor y revancha, en los tristes campos de una mal llamada memoria histórica. Porque la memoria, al igual que la historia, no es dúctil ni divisible. La memoria no hace acepción de personas, no separa a los buenos de los malos. Es, simple y llanamente, memoria. Es, en definitiva, lo acontecido de forma concreta, y cuya interpretación («los hechos son sagrados, las opiniones, libres») corre a cargo del pueblo que ratifica-¦ o falsea).
En estos históricos momentos, el partido gobernante cumple con una hoja de ruta que no se ha distinguido por su carácter provechoso (para España), pero tampoco leal a la línea de la socialdemocracia, tal y como se definió en Bad Godesberg. La praxis es sencilla: se pacta a toda costa, atrayendo -”eso sí, con moneda de curso legal-” a las fuerzas más extremosas en el objetivo de desunir a España, y se crean instrumentos ad hoc (nuevos estatutos -“y subvenciones-” en un caso, y blindaje de cupos, en otro) para perpetuarse en la gobernación de un Estado troceado, manirroto e inconexo. Al mismo tiempo se imponen criterios partidistas en la Enseñanza, las relaciones con el Exterior y la economía; se desplaza (además del Crucifijo y la Piedad del Valle de los Caídos) a todo lo que huela a entendimiento con los católicos, pese a que la Constitución recomiende que se los tenga especialmente en cuenta-¦ Y, con la que está cayendo -”o precisamente por eso-” se anuncia, por babor, una nueva ley de libertad religiosa. En fin, se fustiga a los caballos desbocados del relativismo, el laicismo y la ideología de género. Y, por añadidura, se juega a malabarismos peligrosos -”y ofensivos para la víctimas-” respecto a qué hacer con determinados sujetos afines al terrorismo, que por estas fechas, «faisanes» aparte, campan a sus anchas-¦
Creo yo, Fabio querido, que ha llegado la hora de recapitular y poner en orden el pensamiento y la dignidad de los españoles. De aunar las buenas voluntades en este viejo solar con piel de toro; de unir y no de separar. De idear y no de maquinar. De rezar y enjugar el llanto-¦
«Mas, ¿para qué la mente se derrama en buscar al dolor nuevo argumento? Basta ejemplo menor; basta el presente».