Diario de León
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La gaveta | césar gavela

España y Portugal están en Europa, pero sobre todo están en Iberia. En esa península que es un pequeño continente. Los dos países son el origen de una realidad cultural e histórica de 700 millones de habitantes que llega hasta los glaciares de la Tierra de Fuego y a los desiertos del norte de México. También a las selvas del África austral y ecuatorial, y a muchas islas del Atlántico. A Baleares, Ceuta y Melilla.

Portugal y España están llamados no solo a entenderse y a conocerse cada vez mejor, sino también a fusionarse. En una única nación asimétrica y federal. Que agrupe dos estados diferentes: unitario el uno, autonómico el otro. Portugal es un país atlántico, cívico y melancólico. Más pobre, pero también más moderado y ecologista. Patria de mesura y cordialidad, también de grandes hombres universales: Camoes, Enrique el Navegante, Magallanes, Fernando Pessoa-¦

Personas que se admiran poco en España porque, lastimosamente, ignoramos mucho de Portugal. Ellos suelen saber más de nosotros, pero, en todo caso, es un asunto que tiene fácil solución si uno quiere profundizar en el hecho ibérico. En la historia y la cultura de una península donde nacieron dos de los tres grandes idiomas occidentales. El viejo reino de León sería clave en una Iberia unida. Porque es el padre de los dos estados. León sería el puente entre ambas realidades. Desde Galicia hasta Huelva, sería el nexo raigal y mítico de una nueva nación de 60 millones de habitantes.

Creo que los españoles somos fácilmente portugueses y que los portugueses son aún más fácilmente españoles. Eso era imposible antaño, cuando había un dictador en cada país, un secular vivir de espaldas y un discurso esquivo desde Lusitania, remotamente anexionista desde España. Ahora no es así. Las comunicaciones, la economía, la música, el fútbol, los libros de Saramago, los viajes de los españoles a Portugal y los viajes de los portugueses a España han perfilado un nuevo escenario. Que debería cuajar en una realidad ibérica para muchos ilusoria, pero acaso no tan lejana.

Porque Portugal y España están cada vez más cerca y porque la implicación es creciente en todos los ámbitos. Y empieza a ser evidente que, aunque ellos sean república y nosotros monarquía, se puede avanzar mucho hacia esa unidad política que la geografía sugiere, pero que se rompió hace ocho siglos. Unidad que atemperaría el secesionismo de los radicales vascos, catalanes y gallegos. Y que daría lugar a un país mucho más valioso, rico y definitivo.

¿Donde estaría la capital de ese embrión? Se me ocurre Olivenza, la villa extremeña que fue portuguesa hasta 1805. Si no, voto por Salamanca, la más lusófila ciudad española. Quedando Madrid y Lisboa como capitales de los estados federados. Este artículo es muy quimérico y soñador. Pero el sueño avanza. Porque un tercio de los españoles lo suscribe. Y dos tercios de los portugueses. En un porcentaje que, curiosamente, no deja de subir. Somos ibéricos de hecho; algún día, tal vez, lo seremos de derecho.

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