Las grandes fortunas
El rincón | rafael torres
Las grandes fortunas son opacas, y cuanto más grandes, más opacas. Las grandes fortunas lo son por intangibles e imperecederas, y, desde luego, por no haber estado sometidas nunca al albur de los impuestos, y menos a los de carácter redistributivo y solidario. Las grandes fortunas, las grandes de verdad, las que rebasan «ampliamente» el millón de euros, y los diez, y los cien, y los mil millones, son, de una u otra manera, producto del expolio. O sea, del robo. Y que no le hablen al que ha robado, como es natural, de que devuelva siquiera un poco. El Gobierno y su Agencia Tributaria saben, como lo sabe todo el mundo, que a los muy ricos les suele salir negativa la Declaración de la Renta, como también que sus propiedades están inscritas a nombre de familiares o testaferros, y que sus dineros se hallan a menudo en paraísos fiscales, de suerte que el cómputo oficial de sus patrimonios, el de sus acciones, rentas, ingresos y posesiones, raro sería que alcanzaran el millón de euros. Por el contrario, el modesto ciudadano sujeto a un salario normal que vive en una gran casa heredada de sus padres o de sus abuelos, y al que apenas le llega para su conservación y mantenimiento, será cazado sin piedad. Como también, por lo demás, el viejo profesional que, tras una perseverante e intensa vida de trabajo y una probidad moral que le impidió ensayar chanchullos para eludir sus obligaciones fiscales, puede que rebase «ampliamente» el millón de euros, o sea, en veinte o treinta, suficientes para la voraz Hacienda en todo caso. Lo más probable, de cualquier manera, es que el gravamen no roce ni levemente a las grandes fortunas. No hay coraje, simplemente, para atreverse a rozarlas.